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Simon Atkinson y Bill Wilson
Economía, BBC News
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La epidemia de fiebre aftosa de 2001 supuso el sacrificio de seis millones y medio de animales, y le costó a la economía unos US$17.000 millones.
Ahora, un nuevo brote amenaza a la zona rural británica y, aunque parece estar bajo control, incluso las medidas implementadas por las autoridades del gobierno podrían tener consecuencias económicas de peso.
El bloqueo inmediato del traslado de animales frena tanto el comercio local como las transacciones en el extranjero.
El Reino Unido ya decretó la prohibición voluntaria de todas las exportaciones de animales y sus derivados, así como también de la carne y los lácteos originarios del área afectada, anunció el Departamento para el Medio Ambiente, los Alimentos y los Asuntos Rurales (Defra, por su sigla en inglés).
Por otro lado, ferias y mercados rurales programados para el fin de semana fueron cancelados, o bien siguieron adelante... pero sin vacas, ovejas ni cerdos.
Levantaba la cabeza...
Apenas se estaban secando los campos tras las inundaciones, cuando se detectó el brote.
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Este inesperado sacudón para el comercio llega en la forma de un golpe particularmente duro para los productores de ganado, ya que las exportaciones de carne recién se normalizaron el mayo de 2006, tras una prohibición de 10 años.
Esto porque en 1996 fue descubierto un vínculo entre la enfermedad vacuna BSE y la variante CDJ en los humanos.
El año pasado la agricultura contribuyó con US$11.200 millones a la economía británica, de acuerdo a las cifras del Defra.
Además, como señala el director del Sindicato Nacional de Granjeros en Northumberland, Malcolm Corbett, el sector recién se estaba recuperando del impacto del último brote de aftosa.
"Mazazo"
"Por su propia naturaleza, el campo es un negocio a largo plazo. Con el ganado ovino recién estamos saliendo de los daños colaterales de la crisis de 2001", dijo Corbett.
Hasta las medidas que implementó el gobierno podrían tener graves consecuencias.
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"Es un verdadero mazazo para la industria del ganado en pie, que ya está sufriendo una crisis menor con los precios de puerta que recibe por sus productos", agregó.
Los granjeros y demás productores del sector agropecuario seguro esperan que los efectos de este brote no se asemejen a la devastación que sobrevino en Cumbria hace seis años.
Este condado fue el más afectado por la epidemia de aftosa.
Cumbria de luto
En 2001, cerca de 900 instalaciones rurales resultaron infectadas, y unas 3.500 granjas perdieron todo su ganado, o al menos parte.
El turismo contribuye con US$30.000 millones a la economía rural.
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Alrededor de 1.100.000 ovejas, 215.000 vacas, 45.000 cerdos y otros 1.500 animales fueron sacrificados.
Los granjeros además vieron entonces cómo sus costos se disparaban por los aires, ya que los animales sanos que podrían haber vendido debieron ser confinados a los establos, y se convirtieron en más bocas para alimentar, luego de que las autoridades prohibieran el traslado de animales.
Otros gastos en los que incurrieron fueron los derivados de la obligación de desinfectar los vehículos que utilizaban cada vez que se trasladaban de un campo a otro.
Algunos granjeros desembolsaron hasta US$40.000 sólo en desinfectantes.
Problemas para el turismo
La cepa detectada en una granja de Surrey es idéntica a la que utilizaba un laboratorio local en sus vacunas.
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Las últimas noticias llegan luego de que el medio de vida de muchos productores rurales británicos fuera diezmado por las inundaciones de junio y julio, que arrasaron las cosechas.
Pero no serán únicamente los agricultores quienes se verán afectados si este brote llega a extenderse más allá de la granja de Surrey donde se descubrió.
Se calcula que el turismo contribuye con US$30.000 millones a la economía rural -y crea unos 400.000 puestos de trabajo.
La epidemia de 2001 devastó también a este sector: 80% de los parques, 90% de las granjas y más de un tercio de las propiedades históricas cerraron sus puertas a los visitantes.
En los meses siguientes, el sector hizo notar que nunca le llegaron las compensaciones del gobierno que sí recibieron en cambio los granjeros.
Hablando sobre el último brote, David Fursdon, presidente de la Asociación de Tierras y Negocios Rurales (CLBA, por su sigla en inglés), dijo que "también es crucial el impacto que tendrá sobre los negocios rurales diversificados y el turismo. El turismo y otros sectores relacionados perdieron US$10.000 en 2001 a consecuencia de la aftosa".
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Una correcta gestión del brote deberá asegurar que no sea un desastre para la economía rural en el sentido amplio
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"Una correcta gestión de este brote supondrá, espero yo, que no signifique un desastre para el campo británico, pero también deberá asegurar que no sea un desastre para la economía rural en el sentido amplio", dijo.
Por ahora, de todos modos, las autoridades no han impuesto restricciones al movimiento de personas por la campiña.