El caso de una madre que intentó negarle la entrada a la casa a su hijo refleja los problemas de vivienda en Italia.
Los "jóvenes" dicen no poder pagar los alquileres, aunque tengan empleo.
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Los mamoni italianos, o hijos que se quedan a vivir con sus padres hasta bien entrada la adultez, se han convertido en el símbolo de una nación en la que la madonna -la madre por excelencia- es reverenciada por encima de todo.
Pero incluso en la sureña Sicilia, una de las áreas más pobres y tradicionales de Italia, la historia de un hijo desempleado que a los 61 años de edad que todavía pretendía que su madre, de 81 años, le diera una mesada fue considerada tan inusual que acaparó los titulares de la prensa local.
Según informaron los diarios, la madre le quitó las llaves de la casa, le suspendió la mensualidad y se lo llevó a la estación de policía pues no quería que siguiera llegando tarde a casa.
El hijo aparentemente se quejó de que su mamma no cocinaba bien y no le daba suficiente dinero.
En este caso, la policía logró reconciliarlos pero desafortunadamente los rasgos generales de esta historia se repiten en todo el país.
En el hogar
Un sondeo reciente señala que hasta siete de cada diez personas solteras todavía viven con sus padres y, como el muchacho de 61 años de la historia, esperan que la comida esté servida en la mesa y la ropa lavada.
Las razones de fondo de este desarrollo atrofiado pintan una imagen de la Italia moderna.
La mayoría de los mamoni insisten en que no buscan su propio hogar por razones económicas.
El sueldo promedio es US$1.400 al mes, incluso para profesionales, y los arriendos en Roma, por ejemplo, no bajan de US$900 por un apartamento de un sólo ambiente.
Es por eso que para tantos es imposible siquiera contemplar la idea de ser independientes hasta mucho después de cumplir los 30 años de edad.