Prendas de oro es lo que más empeña la gente.
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Después de todo lo que se gasta en diciembre para celebrar Navidad y la llegada del Año Nuevo, queda la resaca, los bolsillos vacíos y unos estados de cuenta en las tarjetas de crédito que dan verdadero terror.
Para muchos el año comienza sin dinero. Los aguinaldos y el bono navideño se gastaron en los regalos para la familia y los amigos, los juguetes para los niños, la ropa nueva para el estreno, las comidas y las bebidas para pasarla bien y festejar.
Hasta ahí todo muy bien. Pero, ¿ahora de dónde se saca el dinero que se necesita para pagar deudas y cubrir las necesidades diarias?
Lo que hacen muchas personas aquí en la Ciudad de México y en todo el país, es que se van a alguna casa de empeño o visitan al señor o señora que conocen en la zona donde viven y que presta dinero, para empeñar alguna joya y así conseguir aunque sea unos cuantos pesos.
En una de las cuatro esquinas de la céntrica plaza del Zócalo, aquí en el Distrito Federal, está la casa principal de una institución que tiene 232 años prestándole dinero a los mexicanos.
Liquidez
Este enero pasarán por el monumental edificio que ocupa Nacional Monte de Piedad- una asociación privada que presta a bajos intereses-, unas 560 mil personas con sus prendas en la mano para empeñarlas y así aliviar su problema de liquidez.
En las largas filas que hay frente a las taquillas de los peritos que avalúan las prendas, hay hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores. Todos con la ilusión de que las joyas que traen les faciliten el préstamo que tanto necesitan.
Muchas personas buscan empeñar prendas para salir de las deudas después de las fiestas.
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"No es la primera vez que yo vengo aquí, ya soy cliente de aquí", dice jocosamente a BBC MUNDO Gloria Monroy, quien en sus manos tiene varios anillos de oro que ella considera su patrimonio económico porque la ayudan a salir de aprietos financieros.
Como muchas de las personas que están aquì, Gloria gastó mucho comprando regalos en Navidad y ahora necesita recuperarse.
"A todos lo que asistimos aquí nos ayuda mucho, porque ninguno viene nada más por gusto, sino por la situación económica que en estos momentos pasa uno".
Prendas
Pocas personas que hacen fila para empeñar sus prendas quieren hablar con la prensa. Dispuesta a compartir su historia, encuentro a Berenice, una joven que se vino a este lugar con varias alhajas de oro para ver cuánto le dan por ellas.
"Gasté algo durante la Navidad comprando regalos y me quedé sin dinero", comenta Berenice. "Da un poco de susto esto de empeñar, porque uno nunca sabe si va a lograr reunir el dinero para luego recuperar sus prendas".
Mientras Gloria y Berenice esperan su turno, me voy detrás del mostrador donde se atiende al público para ver cómo el técnico especializado hace el trabajo de tasación de las joyas y cuánto dinero ofrece a sus dueños.
José Luis Medina Camargo tiene 49 años haciendo este trabajo. En apenas 50 segundos él es capaz de detectar si la joya en cuestión es legítima. Si lo es, la pone en una balanza para pesarla y entonces decide cuánto puede ofrecer. En el rostro del señor que acaba de atender se nota la decepción cuando le dicen que por el anillo y la pulsera que trae, y que según me explica le costaron nueve mil pesos (US$ 825), apenas le ofrecen 1.500 pesos (US$137).
El promedio de lo que la gente se lleva de aquí en un préstamo es entre 1.000 y 1.500 pesos, entre unos US$100 y US$140. En muchos casos, como el del señor que al final decidió llevarse su prenda a otro lugar, lo que prestan es menos de lo que la joya le costó a sus dueños originalmente.
Remanentes para donaciones
En todo caso, son muchas más las personas que aceptan lo que se les ofrece y dejan su prenda empeñada. Les atrae el bajo interés que les cobran y, sin duda, es un hecho que la necesidad apremia.
"Nacional Monte de Piedad es una institución de asistencia privada cuya actividad social en beneficio de la gente es el préstamo a través de una prenda, pero sin fines de lucro", comenta a la BBC Gustavo Méndez Tapia, vocero de la institución, convencido de la labor de beneficiencia que realizan.
Dinero es lo que muchos necesitan para aliviar los gastos de Navidad.
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"Lo que cobramos es un interés pequeñito, pero con ese interés, salvados los compromisos financieros que tenemos, otorgamos donativos a grupos vulnerables de la sociedad, gente con cáncer, con Sida o discapacidades especiales", agrega.
Los ejecutivos de Nacional Monte de Piedad no se refieren al dinero que queda después de hacer frente a sus gastos de operación como ganancias. En su lugar hablan de "remanentes" y son enfáticos al aclarar que éstos son destinados a otorgar donativos. En los últimos diez años, han destinado un poco más de 2.000 millones de pesos de estos "remanentes" en donaciones.
Casi todas las personas que empeñan sus prendas, el 96%, según nos dice Méndez Tapia, regresan para recuperar sus objetos. En su mayoría empeñan joyas, alhajas de oro y de piedras preciosas, además de relojes. También empeñan otras cosas, como electrodomésticos, vehículos y hasta casas, pero esto apenas representa el tres por ciento de todas las transacciones.
Quienes utilizan el empeño como una manera de financiarse las deudas o la falta de liquidez, lo hacen en especial en tres momentos claves en el año: durante el período justo después de las vacaciones de Semana Santa, en el regreso de los niños a clases entre los meses de agosto y septiembre, y en la época decembrina que es la más intensa y que va desde mediados de diciembre hasta el 6 de enero, Día de Reyes.
La mayoría de los que solicitan préstamos con la garantía de sus prendas lo hacen por la necesidad y porque no podrían hacer lo mismo en la banca comercial.
"Ésta es una manera de financiarse rápida y sin muchos trámites. Nuestros usuarios son personas no bancables, es decir, no tienen el perfil para ser clientes de una institución crediticia, pero sí tienen una prenda por la cual pueden recibir dinero", señala Méndez Tapia.
La práctica del empeño es muy común en todo México. Hay quienes prefieren utilizar prestamistas particulares, como los que rondan por el centro capitalino. Aunque éstos cobran initereses más altos, con frecuencia ofrecen más dinero por la prenda empeñada.
Otras personas, como Carmen Guadalupe, madre soltera de tres niños, prefieren pedirle prestado a alguien que ya conocen en el lugar donde viven, alguien en quien puedan confiar y que no les va a robar.
"Yo tengo mi pequeño patrimonio económico al que recurro cada vez que necesito dinero", dice Carmen. "Es una esclava de oro por la que me han llegado a prestar hasta 3.000 pesos (US$ 275). Es de mi ex marido, que se la olvidó cuando nos abandonó para irse a Estados Unidos".