La vida en países petroleros como Sudán no refleja las mejoras económicos.
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Un reciente informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) revela un mayor crecimiento económico en muchos de los países más pobres del mundo, pero cuestiona que éste no se haya traducido en una reducción de la pobreza o en un mayor bienestar.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) publica una evaluación anual de la economía de los 50 países menos desarrollados del mundo.
Su último informe dice que en 2004 éstas crecieron un 5,9% en conjunto; un buen resultado en comparación con los estándares del pasado.
Según la UNCTAD el resultado estuvo vinculado al incremento de la demanda de petróleo y recursos minerales (lo que benefició a aquellos países pobres que los poseen) y a la duplicación de las donaciones.
Aumentar la productividad
Pero el informe señala que ninguna de estas tendencias es una solución para la pobreza, y cuestiona el valor económico de las donaciones orientadas a programas sociales y humanitarios.
La ayuda para programas sociales no es la solución, según la UNCTAD.
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Sugiere que la forma de combatir la pobreza es mejorando la capacidad productiva subyacente de las economías más pobres, que hacen un uso ineficiente de la mano de obra, especialmente en la agricultura.
Para la UNCTAD, los trabajadores en las economías más pobres son cinco veces menos productivos que aquellos de otras naciones en desarrollo, y 94 veces menos productivos que los de las más ricas.
Pretende que la asistencia ponga el foco en ayudar a las naciones más pobres a desarrollar la habilidad de producir bienes y servicios en forma eficiente.
El informe incluye cifras que subrayan cuánto ha contribuido la riqueza petrolera en los resultados de las economías pobres: las exportaciones de cuatro productores petroleros, Angola, Guinea Ecuatorial, Sudán y Yemen, representaron más de la mitad del incremento de las ventas al extranjero del total de las 50 economías menos desarrolladas del mundo.
Este mismo grupo, junto a otros dos países también poseedores de petróleo -Chad y Mauritania-, atrajeron el 70% de la inversión extranjera dirigida a las naciones más pobres.