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Lunes, 22 de mayo de 2006 - 21:23 GMT
Reto para gigantes asiáticos
Jill McGivering
BBC

Rascacielos en Shangai
Ciudades como Shanghai revelan la riqueza de China.

India y China son obvios y formidables gemelos.

Con una población combinada de casi 2.500 millones de personas, son los gigantes emergentes del nuevo siglo.

Ambos experimentan un dramático aumento en los niveles de crecimiento económico.

Son también miembros cada vez más dinámicos de la comunidad internacional, conscientes de su creciente influencia y objeto de atenciones de los gobiernos occidentales.

Los gobiernos centrales en ambos países han encontrado un nuevo pragmatismo en los asuntos internacionales, y están ansiosos de forjar relaciones estratégicas basadas en alimentar sus crecientes necesidades energéticas internas.

China ha creado una impresionante nueva red de relaciones políticas con países ricos en recursos, ya sea en América Latina y África o más cerca a casa.

India, persiguiendo muchos de los mismos recursos, está apresurándose para no quedar atrás.

Encontrar un nuevo lugar en el escenario mundial, uniendo el pragmatismo y el interés propio con los llamados de países como Estados Unidos a ser ciudadanos globales responsables y altruistas, es ya una tarea difícil.

Pero el mayor reto para ambos países es manejar la amenaza interior, el riesgo de inestabilidad social que está preocupando crecientemente a ambas naciones.

Brecha de riqueza

Barrio pobre de India
La pobreza es todavía notoria en estos países.

Nuevamente, hay paralelos obvios.

China e India son ambos territorios vastos y diversos que agrupan a culturas, grupos étnicos e identidades distintas.

La globalización ha traído una nueva apertura que también se traduce en mayor influencia externa.

Ambos gobiernos buscan mantener su integridad territorial, parte de la cual quiere decir mantener un sentido de nacionalidad y de identidad común en tiempos de dilución.

Ambos están experimentando descontento social.

La migración masiva a las ciudades, a medida que los emigrantes buscan nuevas oportunidades, está creando agudos problemas sociales urbanos.

Estos van desde una falta de vivienda adecuada a problemas con la educación y la atención médica.

Las evidentes brechas entre ricos y pobres aumentan la preocupación frente al crimen urbano.

El crecimiento de las ciudades, la intensa actividad económica y el aumento en el número de personas que poseen automóviles, están causando problemas masivos de contaminación del aire y el agua, frente a los cuales ambos gobiernos se esfuerzan por reaccionar.

En contraste, las poblaciones rurales se encuentran cada vez más frustradas, pues están al tanto de la bonanza que ocurre en otras partes, pero se sienten indefensos en su exclusión de la nueva riqueza.

Sin educación, muchos de los nacidos en pequeños pueblos tienen poca oportunidad de encontrar un sitio útil para ellos en la nueva economía.

Tanto en India como en China, algunas de las áreas rurales menos accesibles están quedando desiertas, pobladas solo por los viejos y los muy jóvenes, mientras que las personas en edad de trabajar parten a las ciudades.

Ambos gobiernos están involucrados en programas sociales masivos para detener el descontento rural y ayudar a las regiones excluidas a unirse a la fiesta económica.

Tarea imposible

Wen Jiabao y Manmohan Singh
India y China buscan un nuevo acercamiento.

Pero dado el tamaño de su población, y su necesidad política de mantener altos niveles generales de crecimiento, aliviar el descontento en el corto plazo parece una tarea casi imposible.

En India, programas como el recién lanzado Esquema Nacional de Garantía de Empleo Rural, le pagan a las personas para que se queden en zonas rurales y los apoyan allí durante periodos de desempleo.

Algunos lo aplauden como un intento audaz de regeneración rural.

Otros dicen que eso no saca a las comunidades rurales de la pobreza sino que apenas trata de reducir una inevitable oleada de migración rural-urbana.

En China, la migración, aunque más libre que antes, sigue siendo regulada y constreñida.

Las protestas rurales están creciendo a velocidad alarmante, muchas de ellas centradas en el embargo de tierra para uso no agrícola y en la corrupción local.

Pero así como ambas naciones comparten muchos de los mismos problemas, sus sistemas políticos diferentes los convierten en entidades muy distintas.

Actitudes cambiantes

Calle transitada
El crecimiento de estos gigantes asiáticos ha sido explosivo.

La democracia india trae consigo limitaciones pero en últimas puede llevar a más estabilidad.

Es difícil para el gobierno central en Nueva Delhi embarcarse en planificación a largo plazo.

La democracia involucra acuerdos complicados con compañeros de coalición así como cambios periódicos e impredecibles en el liderazgo.

Una fuerte sociedad civil también quiere decir que cualquier decisión radical a problemas nacionales, como las necesidades energéticas o los esfuerzos por lidiar con la polución, frecuentemente se enfrentan a una tormenta de oposición de un lado u otro.

También hay una fuerte necesidad de mantener la confianza pública en el proceso democrático en los estados más pobres y peor gobernados de esa nación, para enfrentarse a los problemas de desórdenes civiles.

Pero India se beneficia de un vibrante sector no gubernamental, unos medios fuertes que exigen la rendición de cuentas por los políticos y llaman la atención sobre los problemas. Y en medio de todo un sistema legal relativamente fuerte e independiente.

En China, el cambio económico hasta el momento no ha traído consigo esta clase de libertades.

Algunos analistas dicen que el descontento generalmente se enfoca al nivel local.

Las actitudes hacia Pekín y hacia el Partido Comunista Chino (PCC) como gobierno nacional son todavía en su mayoría de aprobación.

Pero a medida que la sociedad china cambia, crece su clase media y aumentan las influencias externas, puede que el PCC no esté en capacidad de dar por sentado su monopolio sobre el poder político.

¿Amistad sincera?

Rascacielos en China
La globalización ha traído grandes cambios a estas naciones.

Una de las mayores preguntas es la de cómo estos dos gigantes manejarán su relación con el otro.

Recientemente han establecido una nueva sociedad estratégica, superando viejas disputas acerca de ideologías y fronteras, con promesas de trabajar juntos.

Ciertamente quieren aprender el uno del otro.

India busca imitar el éxito de China en las manufacturas de bajo costo.

China quiere seguir el camino de India en desarrollar industrias de informática, de alta tecnología y de servicios globales.

¿Pero qué tan sincera es esta amistad, y hasta qué punto están apenas sumergidas las diferencias, rivalidades y sospechas restantes?

Las décadas siguientes serán sin duda tiempos interesantes.



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