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Lunes, 2 de enero de 2006 - 19:42 GMT
Energía y juego de poder mundial
Paul Reynolds
Paul Reynolds
Especialista en Asuntos Internacionales de la BBC

Vladimir Putin, presidente de Rusia
Rusia preside ahora el G8, un grupo para el que asegurar la provisión energética es primordial.
La disputa entre Rusia y Ucrania por el gas natural es el resultado de una fuerte combinación entre la preocupación energética mundial y el deseo ruso por mantener su influencia en el propio patio trasero.

Es irónico, sin embargo, que Rusia elija poner en entredicho la seguridad de las importaciones gasíferas de sus vecinos en el mismo momento en que asume la presidencia del G8, justamente cuando en el primer lugar del prontuario del grupo de países más industrializados del planeta se encuentra el asegurar la provisión energética.

Los rusos dicen que esto es una cuestión puramente económica y que si los ucranianos eligieron occidentalizarse, pues eso es lo que tendrán: el mercado regulará los precios y ellos perderán el viejo favoritismo del que aún se benefician los países amigos de Rusia, como es el caso de Bielorusia.

También señalan que ellos nunca han suspendido el suministro de gas a Europa occidental, que empezaron a proveer en los días de la ya extinta Unión Soviética y ha continuado ininterrumpidadmente a pesar de todas las convulsiones que siguieron.

Un mundo nuevo

Ucrania teme estar siendo castigada sin mucha sutileza por la llamada "Revolución Naranja" y sus políticas pro-occidentales.

Cualquiera sea la causa, el caso ilustra el nuevo mundo al que estamos ingresando, uno en el cual las nuevas fuentes de energía se convierten en nuevas fuentes potenciales de tensión y conflicto.

Por supuesto que no es nuevo encontrar consideraciones energéticas en el centro de la política mundial y la diplomacia, incluso entre las razones para ir a la guerra.

El ataque japonés a Pearl Harbour tiene sus orígenes, al menos en parte, en la decisión de Estados Unidos de limitar las exportaciones de petróleo a Japón en 1941, en respuesta a la invasión japonesa a China.

Gasoducto cerca de Kiev
Occidente vigila muy de cerca la disputa entre Rusia y Ucrania.
El petróleo jugó su papel en el golpe de 1953 en Irán, organizado por Estados Unidos y el Reino Unido.

En esa ocasión, derrocaron a un primer ministro electo, Mohammed Mossadegh, e instalaron al Sha Reza Palevi en su lugar, una movida que aún enturbia las relaciones con Irán.

Occidente comenzó a interesarse en el mundo árabe no porque unos pocos diplomáticos se vieran a sí mismos como los nuevos Lawrence de Arabia (aunque algunos en realidad lo hicieron), sino por el deseo de asegurar su principal fuente de crudo.

Según los archivos británicos desclasificados hace un par de años, en 1973 Estados Unidos desarrolló un plan para capturar los campos petroleros de Arabia Saudita, Kuwait y Abhu Dhabi en respuesta al embargo petrolero decretado por los países árabes.

Durante décadas el objetivo de asegurar el suministro de petróleo fue alcanzado con éxito.

Sólo que ahora, con la perspectiva de que el crudo empezaría a escasear en las próximas décadas, nuevos temores emergen a la superficie.

El crecimiento chino

Con el rápido crecimiento de China, en particular, pero también de India y de un gran grupo de economías medianas, la presión por asegurarse lo que quede de crudo va en aumento.

La necesidad de China por el petróleo ya influye de hecho su política exterior.

Los chinos obtienen su petróleo en Sudán, por lo tanto, cualquiera que desee imponer sanciones a este país por la situación en Darfur tiene que vérselas con China.

Lo mismo pasa con Irán, otro proveedor de los chinos.

De acuerdo a un informe publicado por la Comisión Europea, dos tercios de sus requerimientos energéticos serán importados para el año 2020
Administración para la Información sobre Energía de EE.UU.
La Administración para la Información sobre Energía del gobierno estadounidense registra la producción y las necesidades de energía mundiales y esto es lo que tiene para decir sobre la Unión Europea:

"La UE es un importador neto de energía. De acuerdo a un informe publicado por la Comisión Europea (Panorama Energético de la Unión Europea para el 2020), dos tercios de sus requerimientos energéticos serán importados para el año 2020".

"Eurogas espera que la UE también importará hasta el 75% de sus necesidades de gas natural para 2020".

No es sorpresa entonces que la Europa vea con preocupación la disputa entre Rusia y Ucrania.

Esa misma preocupación es la que ha hecho que la atención global sorpresivamente se centrarán en algunas hasta ahora ignoradas partes del planeta.

El Ártico es un ejemplo de ello. El derretimiento de la capa polar es claramente visible ahora y eso significa una nueva fiebre del oro, tanto de "oro negro" como de otros minerales.

Grandes territorios son reclamados, las fronteras son disputadas y nuevas tensiones están en desarrollo.

Diplomacia de la energía

En 1996, el gobierno británico despachó al príncipe Carlos a varios de los "stans" centroasiáticos que solían ser parte de la Unión Soviética: Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán.

Todos resultaron ser ricos en fuentes de energía, ya sea petróleo o gas.

El futuro rey británico también viajó a Kirguizistán, pero como este país no tiene gas o petróleo, sólo pasó a visitar a un compañero veterano del Ejército.

Fue un viaje que no disfrutó (salvo por el palcer de ver lo que queda de la Ruta de la Seda), pero su placer personal no era la meta en esta ocasión. Lo era la energía.

Oleoducto en Kazajstán
Muchos países de Asia Central son ricos en términos de fuentes de energía.
El hecho es que las propias reservas británicas de gas en el Mar del Norte ya no son lo que supieron ser.

Nuevos horizontes deben ser abiertos. Pronto, por ejemplo, la imagen de inmensos tanqueros de gas natural licuado provenientes de Argelia o Venezuela comenzarán a ser familiares en los puertos británicos.

Esto, también, impactará en la diplomacia del Reino Unido.

Y el futuro de la energía nuclear está otra vez en la agenda, lo que significa que aquellos países con grandes depósitos de uranio, como Australia o Kazajstán, descubrirán de pronto que tienen muchos nuevos amigos si los gobiernos eligen seguir la línea del desarrollo nuclear.

Aunque algunos países están cerrando sus centrales atómicas debido a la presión popular (Alemania y Suecia, por ejemplo), otros, como Finlandia, están reconstruyendo las suyas.

En el Reino Unido el debate recién se ha reabierto. París tomó la decisión hace 30 años.

Francia depende en un 80% de la energía nuclear desde que decidió evitar el convertirse en un potencial rehén de un embargo petrolero y ahora vende su capacidad ociosa a los vecinos.



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