Los casinos y las máquinas tragamonedas representan el 4% de las ganancias del principado.
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El atractivo de Mónaco es obvio para cualquiera que tiene dinero, ya que ofrece un refugio para el alma en la ribera francesa y un paraíso fiscal para el bolsillo.
El pequeño principado se ha hecho un nombre a lo largo del último medio siglo como uno de los destinos más glamorosos del Mediterráneo para el jet set internacional.
Sus 7.800 habitantes, quienes además poseen un pasaporte de Mónaco, comparten su costa rocosa con 25.000 expatriados y numerosos turistas que llegan cada día en yate y por tierra.
Todos contribuyen a fortalecer la economía del segundo estado independiente más pequeño del planeta.
Han engrandecido el Producto Interno Bruto (PIB) de Mónaco a más de US$900 millones de acuerdo a estimaciones de EE.UU., una cifra que el propio principado ni niega ni confirma.
Los turistas de alto poder adquisitivo que llegan para comprar lo último de la moda francesa en las boutiques que dominan el paisaje urbano, alimentan las arcas de la pequeña economía al pagar jugosos impuestos sobre la venta ya que la tasa impositiva sobre la renta no existe.
Aquellos que permanecen una noche en los casinos dejan atrás suficiente como para contribuir con el 4% de las ganancias del principado.
Las críticas
Sin embargo, Francia ha sido un gran crítico de Mónaco al asegurar que es un paraíso para el lavado de dinero, incluso cuando los ciudadanos franceses que residen allí todavía deben pagar impuestos.
El principado también ha sido definido formalmente como un paraíso fiscal poco cooperativo para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).
Sólo otros cuatro territorios, Andorra, Liberia, Liechtenstein e Islas Marshall, comparten esta dudosa categoría.
Los residentes de Mónaco viven una vida glamorosa.
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La OCDE, junto a otros organismos dentro de la Unión Europea, ha pedido urgentemente al principado que establezca compromisos en lo que se refiere a asuntos como la transparencia y el efectivo intercambio de información.
En todo caso, existen aquellos que esperan que esto no suceda, ya que de esa forma podría allanarse el camino para que Francia absorba al pequeño territorio.
Futuro incierto
De muchas formas Mónaco ya se ha convertido en parte de Francia.
Adoptó el euro como su moneda y aparte de su oscuro sistema fiscal, es un participante pleno del sistema de mercado de los 25 países que conforman la Unión Europea.
La muerte de Rainiero podría marcar el fin de una era.
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El sistema de comunicaciones de Mónaco está conectado por cable con la red francesa.
Sin embargo, la soberanía del principado y su habilidad para ser gobernado como una empresa familiar, fue vigorosamente defendido por el príncipe Rainiero por más de medio siglo.
Algunos predicen ahora que su muerte marca el final de una era y el principio de una campaña enfocada a acabar con su figura de paraíso fiscal.