La emigración ayuda la economía de las naciones pobres pero también es una pérdida para ellas, pues las deja sin trabajadores capacitados.
Los emigrantes impulsan el desarrollo de sus países de origen a través de las remesas que envían, que se calcula alcanzarán los US$225.000 millones este año.
Muchos latinoamericanos optan por ir al extranjero para mejorar su calidad de vida.
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No obstante, la transacción -por conveniente que parezca- implica una fuga de cerebros.
Es la conclusión a la que llega un estudio presentado este lunes por el Banco Mundial (BM) en el que se analiza el caso de tres países: México, Guatemala y Filipinas.
Los tres son naciones con una clara vocación migratoria. Millones de sus ciudadanos salen a buscar mejores condiciones laborales en el extranjero, -principalmente en Estados Unidos, en el caso de los latinoamericanos- y mantener a sus familias en su lugar de origen.
Se calcula que México, por ejemplo, recibe anualmente más de US$16.000 millones en remesas enviadas desde EE.UU., lo que representa el 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) según cifras del Banco de México.
"En México, mientras mayor sea la proporción de hogares con emigrantes en una región, más favorable es el efecto que tiene el aumento de las remesas en la pobreza rural", se lee en el estudio del BM.
El que haya un familiar trabajando fuera del país permite muchas veces disfrutar de un mejor poder adquisitivo e incluso facilita el acceso al crédito.
En contraste, en Guatemala el BM asegura que las remesas reducen el nivel, la profundidad y la gravedad de la pobreza.
Cerebros en fuga
El BM señala que la emigración debilita la capacidad de recuperación económica de los países pobres cuando involucra a trabajadores calificados, fenómeno que se conoce como fuga de cerebros.
"Muchas veces gente muy educada no tiene muchas oportunidades. Así que una isla con menos de 100.000 personas de población no necesitará muchos médicos", le explicó a BBC Mundo Maurice Schiff, coautor del informe.
"Al final, muchos de esos países subvencionan la educación universitaria y entonces producen más profesionales de los que pueden emplear", indicó Schiff.
El envío de remesas es un aporte significativo a la economía de muchos países latinoamericanos.
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Es el caso de muchos países centroamericanos: el 50% de sus profesionales vive en el extranjero, según los datos que presenta el BM.
En los casos de Haití y Jamaica 8 de cada 10 profesionales universitarios vive fuera del país. Casi el 90% de los trabajadores de Guyana considerados calificados han emigrado.
En contraste una nación "grande" como Brasil, sólo el 2,2 % de los profesionales graduados vive fuera del país.
En el trabajo del BM se afirma que, por lo general, los emigrantes capacitados en EE.UU. desempeñan trabajos para los que están sobre calificados, por debajo del nivel que pudieron haber tenido en sus países de origen.
Educación innecesaria
Algunas teorías aseguran que en las naciones con vocación migratoria las personas podrían sentirse incentivadas a mejorar su nivel educativo en la esperanza de lograr mejores condiciones laborales una vez fuera del país.
Sin embargo, los investigadores del BM consideran que eso no se cumple siempre.
El estudio encuentra que en Guatemala los hogares que reciben remesas tienden a gastar más en educación, mientras que en México las familias con emigrantes obtienen menos educación.
Eso podría deberse a que los padres habrían demostrado que se puede obtener empleos en el extranjero sin necesitar grandes calificaciones.
"Nuestro análisis muestra sólo un pequeño aumento de la llamada 'ganancia de cerebros' o aumento en el nivel de educación promedio del país de origen a causa de la expectativa de emigrar", comentó el economista Schiff.
El BM proyecta ampliar este estudio a otros países para determinar si se cumplen las mismas condiciones. Además lo complementará con el Informe sobre las perspectivas de le economía mundial para el 2006 que publicará el próximo mes.