La subida de los precios del crudo y el temor sobre una caída drástica en las reservas mundiales ha hecho que incluso personas tan ligadas a la industria petrolera como el presidente de EE.UU. George W. Bush, se dediquen a hablar de la necesidad de buscar fuentes alternativas de energía para la industria automotriz.
La caña de azúcar es la materia prima para el etanol usado en Brasil.
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"Una interesante oportunidad no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo es el biodiesel, un combustible desarrollado a partir de los granos de soya", dijo el mandatario este martes en una conferencia de prensa con el primer ministro británico, Tony Blair.
Pero mientras la mayoría de los consumidores estadounidenses siguen viendo la posibilidad de un cambio de combustible en un futuro distante, en Brasil es una realidad.
Y es que el país sudamericano ha sido pionero en el uso de etanol extraído de fuentes renovables como la caña de azúcar para reemplazar la nafta en automóviles y camiones.
Primer auge
A mediados de la década de 1980 - antes de que ningún país contemplara la idea - Brasil consiguió producir en masa biocombustible para vehículos de motor.
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Una interesante oportunidad no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo es el biodiesel, un combustible desarrollado a partir de los granos de soya
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El programa fue impulsado por el gobierno militar, que estuvo en el poder desde 1964 hasta 1985, con el fin de reducir su dependencia del petróleo del Medio Oriente.
Su motivación era más de índole patriótica que de consideraciones ambientales, siendo catapultado por la crisis petrolera de la década de 1970.
La tecnología ya se conocía desde el comienzo de siglo, pero ningún país la había utilizado a tal escala.
Bajo el programa, los agricultores recibieron generosos subsidios para sembrar la caña de azúcar para extraer el etanol.
El precio del combustible también fue subsidiado para hacerlo más barato que la gasolina, mientras que la industria automotriz se dedicaba a producir cada ve más autos adaptados para el uso de etanol.
Como resultado, en 1985 y 1986 más del 75% de todos los vehículos producidos en Brasil - y más del 90% de los autos - fueron diseñados para funcionar con alcohol.
Caída
Una combinación de factores hizo que el etanol perdiera terreno:
Tras la salida de los militares y la llegada de la democracia, los gobiernos se preocuparon menos de promover el combustible por razones de seguridad.
Los precios del azúcar subieron, haciendo que el subsidio del etanol resultara muy caro para el Estado.
Superada la crisis de los años 70, los precios del petróleo comenzaron a caer.
La estatal Petrobras encontró nuevos campos petroleros, haciendo que Brasil pudiera disminuir su dependencia.
Ciudades como Sao Pablo tienen que combatir los efectos del tráfico.
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En 1997, justo cuando el mundo marcaba los cinco años de la Cumbre de Río, apenas 1.075 autos adaptados para funcionar con alcohol salieron de las ensambladoras del país.
Paralelamente, en Estados Unidos comenzó el interés por los biocombustibles, a medida que las autoridades de California y otros estados aprobaron leyes que obligaban a los fabricantes de automóviles a reducir los niveles de contaminación.
Repunte
En Brasil, una nueva generación de autos adaptados para el uso de etanol comenzó a producirse en 2003, después de que el gobierno los benefició con reducciones de impuestos y se lograran avances tecnológicos.
A diferencia de los modelos anteriores, se trata de carros que funcionan con puro alcohol, pura gasolina o una mezcla de los dos.
Cuando el tanque está lleno, un chip especial analiza la mezcla y ajusta el motor según la cantidad de etanol y petróleo que contiene.
En 2004, el primer año completo de su venta, estos autos representaron el 17% del mercado brasileño y se espera que esa proporción aumente este año.
A pesar de la ventaja que lleva, ahora que Estados Unidos y otros países entraron en la carrera por la búsqueda de alternativa energéticas, Brasil tiene que competir duro si quiere mantener su liderazgo en este campo.