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Sábado, 26 de junio de 2004 - 04:20 GMT
China: ¿oportunidad o amenaza?
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Comerciante china vende productos de imitación.
Los productos baratos de China hacen aún más difícil el reto de hacerse competitivos.
Si se le pregunta a cualquier trabajador de la industria de ensamblaje en la frontera entre México y Estados Unidos si considera que China podría ser un aliado de su país en materia de comercio, seguramente le dirá que no.

Incluso la respuesta vendrá acompañada de frases tales como: "gracias a los chinos perdí mi fuente de trabajo", "la industria nacional no puede competir con el contrabando" o "mi salario es cada día menor".

Hasta seguramente usted, sin importar en el lugar que viva, se habrá sorprendido en contadas ocasiones al revisar la etiqueta de un producto que usted juraba se producía en su país, al descubrir que en realidad es "Made in China".

Pese a esta realidad que viven cientos de miles de mexicanos y otros tantos trabajadores en la región, lo cierto es que últimamente la mayoría de los gobiernos de América Latina se desviven por cerrar pactos comerciales con China y sacar la tajada más grande del mercado número uno de la geografía comercial.

Primero fue el presidente de Brasil, Inacio Lula da Silva, y más recientemente le tocó el turno a su homólogo argentino, Néstor Kirchner. Desde lo que va del año, en mayor o menor medida, presidentes y empresarios de América Latina ha intentando afianzar lazos con China, un mercado que parece ser apetecido por todos.

Se estará preguntando ¿cómo puede ser posible que trabajadores y comerciantes vean a China como una potente amenaza, mientras que para empresarios y gobernantes aparezca como un posible aliado comercial capaz de movilizar las exportaciones y poner en marcha la economía nacional?

La verdad es que la respuesta depende de los ojos con que se lo mire y del tipo de negocio que se haga. Cuando de colocar productos en China se trata, las perspectivas de ganancias son impresionantes. Pero a la hora de dejar entrar los productos chinos en la región, la historia cambia y mucho.

Producir para China

Fabrica de autos en china.
Los productos chinos no sólo son rivales en el mercado de EE.UU. sino dentro de los propios países latinoamericanos.
Para los empresarios y gobernantes, China representa un mercado con 1.300 millones de consumidores listos para comprar sus productos. Como si fuera poco, China es la economía del mundo que más crece. Para que tenga una idea, en 2003, su economía creció un 9,1%, la tasa más alta en seis años, y muy por encima de las ya esperadas cifras de crecimiento de 2% y 3% en los países más desarrollados.

Desde 2000, el comercio entre China y América Latina se ha incrementado con creces. En los últimos cuatro años, el comercio entre esta potencia y la región aumentó desde US$800 millones a US$2.900 millones. Una cifra para nada despreciable y que está despertando el interés de la mayoría de los países de la región.

Entre los bienes que América Latina vende a China están el cobre, el aluminio, productos agrícolas y alimentos procesados.

Argentina es el país que ha experimentado el mayor aumento en el intercambio con la nación asiática. El comercio entre ambas naciones ha crecido 123,8% en cuatro años.

Brasil, México y Chile no se han quedado atrás y también exportan grandes cantidades de materias primas a ese país. Para Brasil y Chile, China ya es uno de sus tres socios comerciales más grandes.

Estas cifras han impulsado a empresarios y gobernantes a buscar nichos de mercado en China que permitan a América Latina exportar más. Según los cálculos de los expertos, China competirá dentro de 20 años mano a mano con Estados Unidos en materia de comercio y ningún país latinoamericano se quiere quedar por fuera de esta oportunidad.

China en casa

Pero entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué comerciantes y trabajadores se quejan?

El problema llega cuando América Latina quiere o no tiene más remedio que competir con China por un mismo mercado. Como es el caso más claro, el de México y el mercado estadounidense.

China comenzó a desplazar a México en materia de exportaciones hacia Estados Unidos a mediados del 2002.

Fundamentalmente en artículos como juguetes, electrodomésticos, la industria textil y de ensamblaje. Llegó incluso a vender productos similares a las artesanías mexicanas pero a precios mucho más baratos.

La mano de obra barata y la producción en serie hacen que los productos chinos sean más competitivos (más baratos) a la hora de ingresar a Estados Unidos.

Pero no sólo China le está causando problemas a México a la hora de exportar o colocar sus productos en Estados Unidos, sino también dentro del país azteca.

Casi todas las industrias locales, desde sectores tradicionales como el de la fabricación de artesanías, hasta la industria de ensamblaje con orientación exportadora, han reclamado al gobierno del presidente Vicente Fox por la inundación de productos de bajo precio provenientes de China (en forma legal y de contrabando) y la pérdida de fuentes de empleo debido a los bajos salarios en el país asiático.

La ola de productos chinos introducidos de contrabando están dañando a los productores mexicanos y, según cálculos del gobierno mexicano, el país ya ha perdido casi US$3.000 millones en ganancias arancelarias debido al contrabando.

México es sólo un caso, pero la historia puede fácilmente repetirse.

Esta claro entonces que a la hora de colocar sus productos América Latina puede llegar a "hacerse la América" en China, pero de ninguna manera puede competir con ella. En realidad, ¿quién puede competir en el volumen y la mano de obra barata de China?

Es por eso que temas como qué productos se venderán a China y cuáles esta potencia ingresará por la frontera a los países de América Latina, así como también el contrabando, deben estar sobre la mesa y ser prioridad a la hora de negociar acuerdos comerciales.

China puede resultar un fuerte aliado comercial para América Latina siempre y cuando los acuerdos de intercambio se negocien de forma inteligente y en pro de los intereses de nuestras economías. Si no es así, la oportunidad puede transformar en amenaza de un momento a otro.

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