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Martes, 22 de junio de 2004 - 21:40 GMT
Reflexiones sobre la deuda externa
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Cada año nacen 17 millones de niños en África, otros 50 millones en Asia y unos 8 millones en América Latina. Aunque a todos les toca llegar a lugares del planeta con climas, culturas y realidades diferentes, estos niños tienen algo en común que va más allá de la pobreza. Y es que vienen al mundo con una pesada deuda debajo del brazo.

Detalles del afiche de la campaña "Drop de Debt" (Cancelen la deuda) de 2000.
"¿No hemos tomado suficiente?", preguntaba este cartel de la campaña encabezada por el cantante Bob Geldof contra la deuda externa.
Miles de millones de dólares que el país en el que les tocó nacer debe a organismos internacionales y/o instituciones privadas. No importa si la deuda fue contraída por dictadores o gobiernos democráticos hace mucho o poco tiempo.

La deuda se trasmite de generación en generación como una carga, sin que nadie sepa a ciencia cierta quién, cómo y cuándo fue contraída. Y, al final de cuentas, eso ya no es lo que preocupa. En realidad lo que importa es lo que cuesta pagarla y cómo el fantasma de la deuda externa pone en jaque el futuro de estos niños y el país en su conjunto.

Varias organizaciones no gubernamentales han reclamado sin éxito a los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que se le perdone el 100% de la deuda externa a los países más pobres.

Incluso, cantantes como el irlandés Bob Geldof, han llevado a cabo campañas en contra de la deuda externa donde se cuestiona agresivamente si las naciones ricas no habrán ya tomado demasiado de las más pobres. La imagen de una mujer africana consumida en vida por tener que amamantar a un recién nacido blanco y de muy buena salud, y promocionada por el cantante, ejemplifica la realidad de las naciones más necesitadas.

Durante al reunión del grupo de los países más industrializados o G-8 integrado por Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón, el Reino Unido y Rusia- en Sea Island, Estados Unidos, el primer ministro británico, Tony Blair, hizo un llamado para que los países ricos acepten eliminar la deuda externa de las naciones menos pudientes.

Los ricos no quieren el 100%

La idea de condonar en un 100% la deuda de los países más pobres, es decir, aplicar un borrón y cuenta nueva, no fue bien vista por la mayoría de las naciones más ricas -justamente las mayores contribuidoras de fondos de los organismos internacionales-. Una decisión que no sorprendió a nadie y que, hasta se puede decir, era esperada por todos.

A cambio acordaron prolongar el plazo de la Iniciativa para los Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC por su sigla en inglés) por otros dos años hasta finales de 2006. La mayoría de los países beneficiados están en África, pero también hay latinoamericanos, entre los que están incluidos Bolivia, Nicaragua y Honduras. En total son 38 los países beneficiados.

Niños sudafricanos sin hogar
La deuda es pagada por las generaciones futuras.
Esta iniciativa de alivio de deuda tuvo su puntapié inicial en 1996, cuando organismos internacionales y gobiernos de países ricos acordaron llevar la deuda de los más pobres a niveles "sostenibles" y que no comprometieran el desarrollo económico y social de los países.

La idea no es perdonar el 100%, sino un porcentaje del total de acuerdo a lo que el país pueda pagar. Pero, ¿qué método usan estos organismos para estipulan cuánto puede un país pagar? En realidad, lo que hacen es primero analizar la relación entre la deuda y el volumen de exportaciones, y de allí deciden el monto a pagar. También exigen al país una serie de reformas económicas (entre ellas, reducir la pobreza) y legales como requisito para la condonación de parte de la deuda.

Al comienzo de la iniciativa el G-8 se había comprometido a eliminar US$100.000 millones de deuda de los países que tienen gobiernos sólidos, pero hasta el momento sólo ha cancelado unos US$30.000 millones. De los 38 países beneficiarios, sólo 27 han cumplido con los requisitos exigidos por el G-8, de los cuales, tan sólo 13 han completado el programa que les garantiza una reducción de sus deudas.

Aunque la reducción de la deuda ha resultado un alivio para muchas economías, como la de Nicaragua, los montos adeudados son todavía muy altos y representan una gran carga a la hora de pagar y, a la vez, definir políticas para reducir la pobreza e impulsar el desarrollo económico de los países.

¿Por qué no perdonar?

Es por eso que la idea de obtener el perdón del 100% de la deuda está en la mente de miles de millones de personas en los países pobres, donde el pago de la deuda se ha convertido en un círculo vicioso. Los intereses sobrepasan con creces el monto inicial del préstamo y ya no se sabe exactamente cuándo se terminará de pagar.

La idea de borrar la deuda por completo aparece como la solución más sencilla. Sin embargo, organismos como el Banco Mundial y el FMI, aseguran que condonar el 100% es inviable. Seguramente se estará preguntando, ¿por qué? Más que nada si piensa que en Estados Unidos y otros países desarrollados, a las personas que están ahogada por las deudas se les da la oportunidad de declararse en bancarrota y empezar una nueva vida.

"Drop the Debt", cancelen la deuda.
Defensores de la eliminación de la deuda externa de los países pobres.
El respuesta del BM es que los fondos destinados para aliviar la deuda de los más pobres son limitados y que, si se condena el 100% de los más pobres, entonces otros países también con bajos ingresos pero que sí han cumplido con sus deudas puntualmente se verán afectados al verse restringidos en los fondos destinados para proyectos de desarrollo. En suma, una relación de injusticia para aquellos que si han sido buenos pagadores.

Sin embargo, habría que preguntarse si no es más injusto que millones de familia y sus descendientes paguen por generaciones lo que alguna vez un gobierno decidió pedir prestado con la excusa de hacer carreteras, educar a la gente o financiar proyectos, pero que nunca se concretaron.

Es como la historia del huevo y la gallina. ¿Quién tuvo la culpa primero, el gobierno irresponsable que tomó un préstamo y que nunca lo usó para el bienestar de su gente, la gente que los votó, o las naciones ricas que se aprovechan de las necesidades de los más pobres a la hora de prestar dinero?

En todo caso, me inclino más a reflexionar por la imagen de la madre africana consumida por amamantar a un niño blanco y gordito, tal y como invita el cantante Bob Geldof.

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