El Pacto de Estabilidad y Crecimiento es una parte clave del acuerdo que llevó a la introducción del euro, la moneda usada por 12 países europeos.
Su cumplimiento se ha convertido en un tema polémico.
BBC Mundo analiza en qué consiste el pacto y los motivos de su creación.
¿Qué es el Pacto de Estabilidad y por qué fue creado?
El Pacto de Estabilidad y Crecimiento es un acuerdo para poner límites al déficit presupuestario en países que son miembros de la eurozona.
Cuando la eurozona fue creada, el control de las tasas de interés pasó de los gobiernos y órganos emisores de cada país al Banco Central Europeo (BCE), entidad que recibió el mandato de mantener la inflación bajo control.
Sin embargo, los arquitectos de la Unión Monetaria Europea, especialmente Alemania, temieron que algunos países se dieran a la tarea de eludir la estricta política monetaria del BCE, aumentando el gasto del gobierno y trabajando con grandes déficit presupuestarios.
De manera tal que insistieron en subrayar que el déficit presupuestario de no podía pasar del 3% del total de la economía de cada país.
¿Quiénes están violando las normas de déficit?
Irónicamente, son los países más grandes e influyentes de la eurozona - Francia y Alemania - los que han estado violando las normas que insistieron en aplicar.
La recesión en Alemania y Francia ha provocado una disminución en la recaudación de impuestos de ambos gobiernos, al tiempo que el alto desempleo ha llevado a un mayor gasto en seguridad social.
Para darle impuso a sus economías, los Berlín y París decidieron bajar sus impuestos, desafiando las directrices de la Comisión Europea.
Ambos países aseguraron que intentarán reducir sus déficits presupuestarios a menos del 3%.
Pero varios países pequeños de la eurozona, que introdujeron drásticos recortes presupuestarios para mantener sus déficit bajo control, están furiosos.
¿Quién hace cumplir las normas?
Las normas del Pacto de Estabilidad son impuestas por la Comisión Europea.
Su comité ejecutivo, encargado de la política económica y financiera, decide si un país ha violado el Pacto de Estabidad y recomienda medidas para corregir el problema.
Si los estados continúan infringiendo las normas, la Comisión Europea puede proponer multas -en teoría pueden equivaler a una gran proporción de los ingresos del gobierno- al consejo de ministros de finanzas europeos.
Pero en la práctica, ha sido casi imposible lograr que estos políticos electos acepten multas tan grandes que perjudicarían aún más a las economías de sus países.
¿Deberían relajarse las normas del Pacto?
Algunos observadores señalan que el Pacto de Estabilidad es demasiado rígido.
Sostienen que, en caso de grandes recesiones, se debería permitir que los países aumenten su déficit.
También dicen que se tendría que dejar que los gobiernos pidan préstamos para inversiones en proyectos de infraestructuras en temas como transporte y educación.
Los temores sobre el efecto de las normas del Pacto de Estabilidad en el sistema de seguridad social de Suecia fueron un factor clave en la decisión de su electorado de rechazar el euro.
Pero muchos economistas dicen que la eurozona sí necesita reglas para controlar la irresponsabilidad fiscal. De lo contrario, sostienen, algunos países podrían resultar beneficiados de su integración al euro, sin tener que pagar los costos.
Y argumentan que, dada la dificultad de aplicar las normas sin la existencia de un "gobierno europeo", es mejor tener algún tipo de reglamento que ninguno.
¿Qué sucederá probablemente?
Puede que se introduzcan algunas modificaciones al pacto, algo que la Comisión Europea ya pronosticó.
Esos cambios podrían incluir una forma diferente de medir el déficit presupuestario para tener en cuenta las variables del ciclo económico; por ejemplo, un país que entra en recesión.
Sin embargo, para hacer cumplir esos cambios es necesario tener más cooperación entre los gobiernos de la eurozona en sus políticas fiscales, un tema que podría ser políticamente polémico.
Algunos temen que el resultado final sea la armonización de las tasas de impuestos en toda Europa, algo que potencialmente podría perjudicar la competitividad de las economías individuales de los países miembros.