El vicepresidente Cheney fue director de la empresa más beneficiada por los contratos.
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Los contratos para la reconstrucción de Irak y Afganistán, que suman más de US$8.000 millones, quedaron en manos de 70 empresas estadounidenses que donaron más de medio millón de dólares para la campaña electoral del
presidente George W. Bush.
Tal fue la conclusión de un grupo independiente de investigación, no lucrativo, conocido como Centro para Integridad Pública (Center for Public Integrity), cuya sede está en Washington.
Este informe también concluye que los 10 contratos de la posguerra más jugosos fueron a parar a las compañías en las que trabajaban altos funcionarios del gobierno o directores con fuertes lazos con congresistas.
El Centro para Integridad Pública indicó que la mayoría de los
contratos se otorgaron sin concursos, con la justificación de que una competencia abierta hubiera requerido demasiado tiempo cuando se necesitaba actuar rápidamente en la reconstrucción de estos países.
"Ninguna agencia supervisó el proceso de adjudicación a estas empresas, lo que muestra cuán vulnerable es el sistema de contratación", señaló el director ejecutivo del grupo independiente, Charles Lewis.
Pero la agencia estatal encargada de adjudicar estos convenios aseguró que se habían seguido al pie de la letra todos los procedimientos dictados por las regulaciones federales.
Las más beneficiadas
La empresa de ingeniería petrolera Kellogg Brown and Root (KBR), filial de Halliburton, que estuvo dirigida por el actual vicepresidente Dick Cheney, ha sido la mayor beneficiada con los contratos federales para los dos países, valorados en su caso en más de US$2.300 millones.
El grupo Bechtel ocupa el segundo lugar, con aproximadamente US$1.030 millones.
Las adjudicaciones directas se justificaron con la necesidad de una rápida reconstrucción.
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Ésta no es la primera vez que se critica a la administración Bush por la manera es que se llevan a cabo los negocios de la posguerra en Irak y Afganistán.
En los últimos tiempos, los diarios Washington Post y Wall Street Journal señalaron que los contratos otorgados a esas empresas eran más suculentos desde el punto de vista económico que lo comunicado hasta ahora por el Ejecutivo.
También en el Congreso, los legisladores demócratas Henry Waxman y John Dingell afirmaron que la firma texana Halliburton estaba cobrando un sobreprecio por la gasolina que vendía en Irak.
Ante esta críticas, el director ejecutivo de Halliburton, Dave Lesar, rechazó en un artículo en el Wall Street Journal las
acusaciones de que la empresa está sobrefacturando al gobierno estadounidense o usando sus contactos políticos para lograr contratos.
Los funcionarios estadounidenses siempre han defendido los procesos de adjudicación, asegurando que en todos los casos se ha tratado de proteger al contribuyente.
Ésta es otra razón, explicaron, por la que los convenios para la luz, el agua o la electricidad en Irak han beneficiado en su mayoría a empresas estadounidenses, quedando relegadas las firmas extranjeras, sobre todo si se trata de países que no apoyaron la guerra como Francia y Alemania.