A un mes del fracaso de la cumbre de Cancún, en México, los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) volvieron a la mesa de diálogo.
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Según los analistas, la Organización Mundial de Comercio está dando pasos tentativos.
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En una reunión en la sede de la OMC en Ginebra, representantes de las naciones que integran el organismo acordaron volver a trabajar en la ronda de negociaciones sobre liberalización del comercio, lanzada hace dos años.
Pero esto no significa que todo volverá a ser como antes de Cancún.
En una entrevista con la BBC, el director general de la OMC, Supachai Panitchpakdi, se mostró satisfecho por el retorno del diálogo.
Pero aclaró que es muy pronto para afirmar que las negociaciones han vuelto verdaderamente a su cauce.
Según los analistas, los pasos que está dando la OMC son tentativos y ello prueba cuán seria fue la fractura en Cancún.
En esa ocasión, por lo menos 22 países en desarrollo, agrupados en el llamado G-20 Plus, se negaron a avanzar en el diálogo a menos que el mundo desarrollado se comprometiera, entre otras cosas, a eliminar los subsidios agrícolas.
Nueva estrategia
En el encuentro en Ginebra, todas las sesiones formales de diálogo -en las que puede participar cualquier país miembro- fueron canceladas.
En lugar de ello, dos altos funcionarios de la OMC dirigirán consultas particulares.
Supachai y el presidente del Consejo General de la OMC, el uruguayo Carlos Pérez del Castillo, conversarán con delegados en pequeños grupos o individualmente con representantes de determinados países.
La agenda de negociaciones es más acotada que la acostumbrada.
El uruguayo Pérez del Castillo dirige consultas individuales.
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Las nuevas discusiones se centrarán en apenas cuatro áreas.
La más importante de ellas es tal vez la agricultura, el "sospechoso de siempre" cada vez que las negociaciones se estancan.
Según los observadores, en esta ocasión Supachai deberá valerse más que nunca de su habilidad diplomática.
Durante años se ha ejercido presión para que la Unión Europea, Estados Unidos y Japón eliminen subsidios y aranceles que protegen a sus agricultores de la competencia externa.
Esto es lo que quiere la mayoría de los países en desarrollo y algunos de los ricos, como Australia, Canadá y Nueva Zelanda.
Algunas naciones desarrolladas -encabezadas por la UE- desean, en cambio, que se amplíen las negociaciones e incluyan asuntos como inversiones y transparencia en el gobierno.
Esa voluntad de "estirar" la agenda, rechazada por los países pobres, fue precisamente el detonante del fracaso en Cancún.