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Lunes, 29 de enero de 2007 - 14:03 GMT
¿Habemus Doha?
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Manifestante en Davos
Pese al interés de retomar las conversaciones de Doha, muchos en Davos mostraron excepticismo.

Todo parece indicar que las negociaciones de la Ronda de Doha, que buscan alcanzar un acuerdo para liberar el comercio mundial, "no están muertas" y que, pese a las grandes diferencias que existen entre sus miembros, se vislumbra una luz al final del camino.

Aprovechando el cierre de la celebración del Foro Económico Mundial, una reunión anual que reúne a miles de empresarios y economistas de todo el mundo celebrada en Davos, Suiza, los líderes de las mayores potencias comerciales del mundo decidieron revivir las negociaciones de Doha.

Las conversaciones habían quedado estancadas oficialmente desde julio pasado por la falta de avances entre los principales negociadores: Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, India, Australia y Japón.

Grandes diferencias en temas como la agricultura y las protecciones arancelarias, debido a que los países en desarrollo reclaman mayores accesos a los mercados de los países más ricos -mientras que Estados Unidos y Europa continúan luchando sobre el tema de los subsidios-, no habían permitido avanzar en los acuerdos.

Sin embargo, esta vez en Davos los ministros de comercio de las principales potencias comerciales parecen haber entrado en razón.

No sólo porque hayan encontrado ya un punto de equilibrio en sus diferencias, algo que quedó en evidencia en la "escueta" declaración ministerial que dieron a conocer, sino más que nada ante la posibilidad de que ésta sea la última oportunidad real que tengan de poner en marcha en los próximos meses el libre comercio a nivel mundial.

¿Última oportunidad?

Manifestante de Corea del Sur
Pronto expirará el TPA y las manifestaciones en contra de los TLC con EE.UU. proliferan.

Uno de los problemas que se deslumbra en el horizonte y por el cual sería preciso poner en marcha las negociaciones con prontitud, es que el 1 de julio próximo expira la Autoridad de Promoción Comercial (TPA, por su sigla en inglés, o "fast track"), que es la licencia que tiene el gobierno del presidente estadounidense, George Bush, para concluir tratados comerciales con el resto del mundo.

¿Y por qué es tan importante el TPA? La respuesta es muy simple. La no renovación del TPA le propiciaría un golpe "fatal" a las negociaciones de la Ronda de Doha, ya que el "fast track" impide al Congreso modificar los tratados. Sólo puede aprobarlos o rechazarlos en su conjunto.

Sin la renovación -la que se hace aún más difícil al tener el Congreso mayoría demócrata-, en la práctica, el gobierno de Bush no podría negociar "por sí mismo" acuerdos comerciales con otras naciones y con la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Es decir, sin el TPA, el poder de Washington para negociar disminuye. Justo en momentos en que en la Ronda de Doha se necesitan acuerdos en los temas de reducción de aranceles y subsidios agrícolas.

Para lograr que el libre comercio mundial sea una realidad, son necesarios recortes sustanciales tanto en los aranceles, por parte de la Unión Europea, Japón y otros países industrializados y en vías de desarrollo, como en los subsidios agrícolas por parte de Washington y Bruselas.

Poco tiempo, mucho por hacer

Manifestante disfrazado de George W. Bush
Un congreso de mayoría demócrata reduciría la habilidad de Bush de firmar acuerdos comerciales con otras naciones.

Ante la posibilidad de que, sin la renovación del TPA, la Ronda de Doha quede estancada por mucho tiempo, los ministros reunidos en Davos se mostraron optimistas en cuanto a lograr avances en los próximos meses para finalmente poder profundizar la liberación del mercado mundial.

Se escucharon voces de optimismo, como las del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, quien dijo que lograr un acuerdo puede ser "más de meses que de semestres".

Aunque también los ministros comerciales reconocieron que se dispone de poco tiempo para alcanzar el acuerdo final y que será necesaria una mayor voluntad política.

Lo más importante ahora será, como expresó el ministro de relaciones exteriores de Brasil, Celso Amorim, poner los "números sobre la mesa" antes de junio próximo.

Temas candentes

Y al hablar de números, Amorim se refería a que todos los acuerdos sobre los asuntos en los que existen diferencias estén concluidos.

Buena parte de las diferencias radican en que las naciones más pobres reclaman mayores concesiones agrícolas a los negociadores más fuertes, como Estados Unidos y la Unión Europea, mientras estos, a su vez, buscan que a cambio los países en desarrollo abran más sus mercados a los bienes industriales y los servicios.

Susan Schwab y Celso Amorin
Representante del área comercial de EE.UU. Susan Schwab conversa con en canciller de Brasil, Celso Amorin.

Hasta el momento, la propuesta de los veinte países en desarrollo (G20) supone un recorte de los aranceles agrícolas del 54% por parte de los países ricos, frente a un 39% ofrecido por la Unión Europea y un 75% solicitado por Estados Unidos.

En tanto, los países en desarrollo deberán recortar sus aranceles en un promedio máximo de un 36%.

Si bien durante la reunión reinó el optimismo y todas las partes se mostraron dispuestas a realizar concesiones, siempre y cuando las demás partes también las hagan, lo que está claro es que éste es un momento clave para el futuro de la OMC.

La Ronda de Doha corre peligro de sufrir más demoras -se esperaba concluyera en diciembre de 2006, tras cinco años de negociaciones-, o incluso fracasar si no se liman estas asperezas antes del 1 de julio próximo, fecha en la que expira el TPA.

Los negociadores en Davos coincidieron en que sólo un acuerdo definido, con "números puestos sobre la mesa" en los próximos meses, podría asegurar que los demócratas en el Congreso dejarán de lado sus diferencias partidarias y opten por extender el "fast track".

Sólo bajo ese escenario optimista, en donde todas las partes estén dispuestas a ceder, la Ronda de Doha podría llegar a su fin y lograr un acuerdo para liberar el comercio mundial, sin más retrasos.



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