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Lunes, 26 de junio de 2006 - 12:29 GMT
Perú: ¿y ahora qué?
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Alan García, presidente electo de Perú.
Los detractores de García aún recuerdan que en su gobierno la inflación subió más de 8.000%.
Cuando han transcurrido apenas unas semanas desde la segunda vuelta por las elecciones presidenciales en Perú, que arrojó como ganador a Alan García, del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), los peruanos se preguntan qué pasará de ahora en adelante con su economía y con una sociedad prácticamente dividida en dos.

Según los seguidores y partidarios del presidente Alan García, este es el momento que tiene el mandatario para reivindicarse y demostrarle a todos los peruanos que puede conducir al país por el camino de la prosperidad.

Una segunda oportunidad para dejar atrás el amargo primer período presidencial de 1985 a 1990, cuando la economía de Perú debió enfrentar períodos de hiperinflación, bajo crecimiento y de pobreza creciente.

Alan García asegura que hoy es un hombre nuevo y renovado, y que los momentos en los que apoyó la impresión de dinero para soportar el abultado gasto público de su gobierno -con lo que generó una inflación galopante hace ya casi dos décadas atrás- y los límites a los pagos de la deuda externa que le causó problemas con el Fondo Monetario Internacional y la banca internacional-, han quedado muy atrás.

Temores del pasado

Los que no simpatizan con el nuevo gobierno, por el contrario, aseguran que el modelo económico de Alan García de hoy y el de antaño, es un claro ejemplo de cómo "arruinar" una economía. Y advierten que la historia podría volver a repetirse.

Recuerdan bien cuando los peruanos vieron elevarse los precios en un 8.292%, lo que hizo decir adiós a la moneda de entonces, el inti, que fue reemplazado por el sol.

Una inflación galopante que causó estragos en el bolsillo y en el nivel de vida de los peruanos.

Ponen sobre la mesa también que en esos cinco años, el porcentaje de peruanos viviendo en la pobreza -aquellos que no pueden satisfacer sus necesidades básicas de alimento y vivienda- se elevó en un 13,4% hasta alcanzar al 55% de la población.

Y dicen que no hay que olvidar que, en el mismo período, el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo un 20%, mientras que el financiamiento internacional o líneas de crédito se esfumaron tras la decisión del gobierno de imponer un límite al pago de la deuda externa del 10% de las exportaciones.

La economía de ayer y la de hoy

Indígena peruana vota en elecciones presidenciales, Cuzco.
Más de la mitad de los peruanos vive en condiciones de pobreza.
Lo que está claro es que entre 1985 y 1990, durante el primer período presidencial de García, Perú vivió años de profunda crisis económica, institucional y violencia extrema; pero también es cierto que hoy la situación parece mucho más alentadora.

El crecimiento del PIB se ha recuperado. Los US$720 per capita que se alcanzaron durante el primer mandato de García -el nivel más bajo desde la década de los sesenta-, hoy se han más que triplicado a US$2.360 per capita anuales.

Las relaciones con el FMI también están encaminadas. El organismo internacional ha abierto sus préstamos para que Perú aplique reformas de libre mercado.

Sin embargo, todavía queda en el tintero la reducción de la pobreza -cerca del 52% del total de la población y el 73,6% de los pobladores rurales no ha podido escapar de ella- y la mejora en la distribución del ingreso.

Esta escasa distribución de la bonanza o recuperación económica que ha vivido Perú en los últimos años también se ha reflejado en los resultados de las elecciones y, sin dudas, marcará el gobierno de Alan García.

Una sociedad dividida

García pretende repetir en la sierra el modelo económico exportador de la costa, apostando por el libre comercio
El nuevo mandatario peruano es consciente de que ganó por amplio margen en las zonas de la costa y el gran Lima, reconocidas como el Perú moderno y donde la economía ha crecido a una tasa del 5% desde 2002.

Y no en la zona central y del sur andino, donde Ollanta Humala recibió el apoyo de los más pobres y de los descendientes de indígenas.

Es por eso que una de las más difíciles tareas que tiene Alan García por delante será la de unir al Perú dividido.

Para ello propone beneficiar a los campesinos y agricultores del sur andino con la construcción de caminos y carreteras, así como también mediante el otorgamiento de créditos de bajo interés.

García pretende repetir en la sierra el modelo económico exportador de la costa, apostando por el libre comercio -más que nada un tratado de libre comercio con Estados Unidos- para generar crecimiento económico.

Una tarea difícil

Desde ya, se puede prever que la tarea no será fácil. Alan García no sólo cuenta con minoría en el congreso (36 de 120 escaños), sino que deberá también enfrenar en menos de cuatro meses elecciones locales y regionales.

A esto se le suma que deberá sobrellevar las críticas de sus opositores, fundamentalmente los seguidores de Humala, y satisfacer las demandas de sus seguidores y de aquellos que lo votaron porque consideraron que su candidatura era la opción "menos mala" en la segunda ronda electoral.

El tiempo dirá entonces si Alan García sabrá aprovechar ésta segunda oportunidad que le ofrece el destino para demostrar que puede gobernar y conducir a los peruanos por el camino de la prosperidad.

O si simplemente tiene la fórmula para convencer y llegar al poder. Y nada más.



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