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Lunes, 13 de marzo de 2006 - 18:38 GMT
A. Latina: agua y desarrollo
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Pozo
Muchas personas deben caminar largas distancias para obtener agua de grifos públicos.

Para Juan, un salvadoreño de 37 años, conseguir el agua que necesita para consumo personal y darle de beber a la única pertenencia material que tiene en esta vida: una vaca que lo provee de la leche con la que alimenta a sus tres hijos, supone caminar a diario largas distancias.

"Más de 45 minutos me lleva conseguir el agua que necesito para lo diario", me dijo Juan mientras caminaba cargando una vasija de medianas proporciones donde todos los días coloca el agua potable que puede obtener del único grifo público disponible en la zona rural en la que vive.

Juan no es el único en esas condiciones. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimados para 2002, aunque en la última década el acceso al agua potable ha mejorado notablemente en América Latina y el Caribe, todavía unas 60,2 millones de personas (11% del total) no tienen acceso, mientras que unos 137 millones (25%) carecen de servicios de saneamiento.

Fuerte desigualdad

La OMS calcula que el 89% de la población de la región tiene acceso sostenible a agua potable, ya sea a través de conexiones domiciliarias o a través de fácil acceso a una fuente pública, pero las desigualdades entre los que tienen y los que no tienen acceso siguen siendo muchas.

Mientras el 95% de la población urbana en América Latina y el Caribe cuenta con agua potable, sólo el 69% del área rural tiene acceso a ese recurso.

Grifo de agua
El 65% del área rural de América Latina tiene acceso al agua.
La disparidad se recrudece cuando de servicios sanitarios se trata. Apenas el 44% de los habitantes de las zonas rurales cuenta con estos servicios, mientras que a nivel urbano, el porcentaje escala al 84%.

Las diferencias también se dan a nivel de países. Costa Rica, Chile, Dominica, Granada, Guatemala, Uruguay y algunas islas en el Caribe, encabezan la lista de los países de la región con mayor cobertura (superiores al 95%), mientras que los niveles inferiores al 85% se registran en El Salvador, Bolivia, Guyana, Haití, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela.

La mayoría de las personas que no tienen acceso al agua son pobres, y viven en áreas rurales y peri-urbanas, principalmente en los cinturones de pobreza que existen en la periferia de muchas de las ciudades de la región.

Mientras el 95% de la población urbana en América Latina y el Caribe cuenta con agua potable, sólo el 69% del área rural tiene acceso a ese recurso
A eso hay que agregarle que unos 54 millones de personas (11% de la población total), se abastecen de agua potable a través de sistemas definidos como de "fácil acceso", es decir, fuentes públicas, pozos individuales, lagos, manantiales, etc.

Todas fuentes alternativas que no garantizan la calidad y la pureza del agua, debido a la gran contaminación de los recursos hídricos que caracteriza a la región, y que propician la generación de enfermedades y epidemias.

Economía y desarrollo

El agua potable se utiliza no sólo para beber, sino también para la higiene, la producción de alimentos, la generación de energía y de bienes industriales.

Los recursos hídricos resultan entonces vitales a la hora de poner en marcha los motores de las economías.

Es por eso que los impactos socioeconómicos de la falta cobertura, no se limitan sólo a los daños a la salud (enfermedades y menor esperanza de vida), sino que además se relacionan directamente al desarrollo productivo de un país.

Tierra árida
El crecimiento poblacional amenaza la disponibilidad del agua para el riego de los cultivos.
Se calcula que el 70% de la producción acuífera de la región (más que nada, recursos no potables) se utiliza para la agricultura, siendo cada día más fuerte la competencia entre el agro y las zonas urbanas por este recurso.

El fuerte crecimiento poblacional de las ciudades amenaza la disponibilidad del agua para el riego de los cultivos y su carencia limita el crecimiento económico de los países.

La contaminación del agua no sólo afecta el medio ambiente, la economía de los países y la salud de sus habitantes, sino también la competitividad externa, en momentos en que las naciones debaten sobre la utilización de normas ambientales como barreras no arancelarias como reglas para el comercio.

Pulseada por el agua

Pese a que todavía queda mucho por hacer, según proyecciones de organismos internacionales, no estamos lejos de lograr una América Latina con acceso al agua potable para todos.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta que la región alcanzará un 96% de cobertura potable y un 82% de saneamiento en 2015.

Sin embargo, el sueño de agua limpia y suficiente para todos, sólo será posible si los países de la región ponen en práctica las reformas necesarias para asegurar un manejo responsable de los recursos naturales (reduciendo la contaminación y ayudando a mejorar el medio ambiente).

Y si se hace un debate más responsable sobre las posibilidades de colocar en manos privadas los recursos hídricos.

Todo para garantizar que los usuarios puedan contar siempre con agua limpia y cristalina, sin tener que desembolsar altas sumas de dinero.

Pagar a precio de oro un vaso de agua resultaría una paradoja, si se piensa que en la región se encuentra la primera fuente de agua dulce del mundo, el Amazonas (donde se concentra el 20% de las reservas mundiales) y la cuenca del Plata, considerada la segunda del planeta.

Un recurso que es patrimonio de todos.

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