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Lunes, 27 de febrero de 2006 - 10:37 GMT
Las mujeres y la desigualdad
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Mujeres trabajando en fábrica de Bután.
Las diferencias laborales continúan en todos los sectores.
María es una mujer como cualquier otra. Se levanta a las seis de la mañana, despierta a sus tres hijos, prepara el desayuno y los lleva a la escuela.

A las nueve está lista para poner el pie en su oficina y dirigir al equipo de cinco ingenieros y dos arquitectos que tiene a su cargo.

María, como tantas mujeres de hoy, es madre y profesional al mismo tiempo. Una combinación que cada día es más frecuente.

Pero aunque María vive en la parte del planeta que llamamos desarrollada, sufre de un mal universal que muchas mujeres alrededor del mundo padecen: su salario es 30% más bajo del que estuviera recibiendo si hubiera nacido con "pantalones".

Y es que la desigualdad entre los géneros continúa siendo un problema a nivel mundial, pese a que la situación de las mujeres y las niñas ha mejorado significativamente en los últimos diez años.

Así lo dijo recientemente el Banco Mundial (BM), al señalar que es probable que no se alcance el tercer objetivo del desarrollo del milenio.

La desigualdad entre los géneros continúa siendo un problema a nivel mundial, pese a que la situación de las mujeres y las niñas ha mejorado significativamente en los últimos diez años
Este es justamente el de reducir la brecha de género para 2015. Una meta que resulta fundamental a la hora del crecimiento y la reducción de la pobreza.

Según el BM, el objetivo de reducir la brecha de los géneros será difícil de alcanzar por falta de apoyo financiero y político, que no permiten aumentar la cantidad y la calidad de los recursos destinados a cuestiones relativas al género.

La desigualdad en números

No se puede negar que, a nivel mundial, las mujeres han alcanzado importantes logros en materia de género en los últimos 50 años.

Por ejemplo, se ha conseguido duplicar las tasas de matriculación primaria en Sudáfrica, África Sub-sahariana, y Oriente Medio y Norte de África, y el aumento de entre 15 y 20 años en la esperanza de vida de las mujeres en los países en desarrollo.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Pese a esos avances, sigue habiendo importantes desigualdades por razón de sexo en derechos, recursos y participación en todos los países en desarrollo.

En ninguna región del mundo tienen los hombres y las mujeres los mismos derechos sociales, económicos y jurídicos
En ninguna región del mundo tienen los hombres y las mujeres los mismos derechos sociales, económicos y jurídicos, según calcula el BM.

Las regiones del mundo donde la desigualdad de género en derechos básicos es mayor son: Asia Meridional, África Sub-sahariana, Oriente Medio y África del Norte, seguidas por América Latina y el Caribe.

En esas regiones, las mujeres tienen un menor control de los recursos productivos, como la educación, la tierra, la información y los recursos financieros.

En esas zonas, las mujeres carecen todavía de derechos independientes para poseer tierras, gestionar la propiedad, dirigir negocios o incluso viajar sin el consentimiento de sus maridos.

Por ejemplo, en muchas partes del África Sub-sahariana, las mujeres tienen derechos sobre las tierras mientras estén casadas y muchas veces los pierden al enviudar o divorciarse.

En la mayoría de las regiones en desarrollo, las empresas en manos de mujeres tienden a tener un menor acceso a la maquinaria, fertilizantes y crédito que aquellas empresas dirigidas por hombres.

Salarios menores

Michelle Bachelet, Presidente de Chile.
Hay más acceso para las mujeres, pero sus oportunidades siguen siendo limitadas.
Aún cuando las mujeres han ganado terreno a nivel educativo, según cálculos del BM, en los países industrializados, las mujeres en el sector salarial ganan en promedio un 77% de lo que ganan los hombres, mientras que en los países en desarrollo ganan el 73%.

Solo una quinta parte de esa diferencia salarial se puede explicar por diferencias en educación, experiencia, etc.

A lo anterior se le agrega que las mujeres siguen estando sub-representadas en las asambleas nacionales y locales, ocupando, en general, no más del 10% de los escaños en los parlamentos.

Estas desigualdades son más pronunciadas entre los países más ricos y los más pobres, y entre los ricos y los pobres dentro de un mismo país.

Dos tercios de los analfabetos del planeta son mujeres y niñas, hay más mujeres infectadas de sida que hombres y el 70% de las mujeres viven en condiciones de pobreza.

Latinoamérica no es la excepción a la regla. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2002, los ingresos promedio que percibían las mujeres en el mercado laborar eran equivalentes al 68% de los ingresos masculinos.

¿Cómo acortar la brecha?

Ningún país puede pretender avanzar si a la mitad de su población se le niegan las posibilidades de realizar su potencial
Paul Wolfowitz, Presidente Banco Mundial
Según el presidente del BM, Paul Wolfowitz, la clave para acortar la brecha entre los géneros está en reconocer que este problema no es un asunto de mujeres, sino una cuestión relativa al desarrollo.

Como dijo Wolfowitz, "ningún país puede pretender avanzar si a la mitad de su población se le niegan las posibilidades de realizar su potencial".

Según cálculos de la ONU, si en América Latina se eliminaran las desigualdades laborales, sería posible aumentar en un 5% el Producto Interno Bruto de la región.

Es por eso que se hace necesario hacer concientes, tanto a los gobiernos como a la sociedad civil, del papel primordial que desempeñan las mujeres a la hora de mejorar la calidad de vida de sus familias, sus comunidades y el desarrollo económico de los países en los que viven.

Así como también la necesidad de poner en marcha planes educativos y mecanismos donde los gobiernos deban rendir cuentas sobre los avances en materia de igualdad de género.

Sólo así, la búsqueda de la igualdad de género dejará de ser una tarea pendiente para el planeta. Y María, como tantas otras mujeres, dejará de preguntarse por qué, ante los ojos del mundo, el esfuerzo que hace para sacar a sus hijos adelante y realizarse como profesional, no es 100% reconocido.

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