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Lunes, 1 de agosto de 2005 - 12:12 GMT
¿Habemus CAFTA?
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

El tratado de libre comercio o CAFTA-DR (por su sigla en inglés), entre Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana y Estados Unidos, sólo necesita la firma del presidente George W. Bush para convertirse en una realidad.

Presidente George Bush.
El presidente George Bush ha sido uno de los principales promotores del CAFTA.

El visto bueno de la Cámara de Representantes de Estados Unidos fue dado la semana pasada en una estrecha votación de 217 votos a favor y 215 en contra, después de retrasos, fuertes críticas y una acalorada oposición por parte de los legisladores, principalmente demócratas, quienes aseguraban (al menos hasta antes de votar) que el tratado no tendrá impactos positivos en la economía estadounidense ni en la centroamericana.

El tratado fue inicialmente firmado el año pasado por Centroamérica y más tarde por República Dominicana.

El Senado estadounidense lo había aprobado el 30 de junio pasado, por 54 votos a favor y 45 en contra.

Ahora, con el espaldarazo de los legisladores, sólo hace falta la firma del presidente estadounidense, George W. Bush.

De esa forma, el acuerdo entrará en vigencia el 1º. de enero de 2006, al menos entre Estados Unidos, Guatemala, Honduras y El Salvador, los países de Centroamérica cuyos parlamentos ya lo han ratificado.
Estudiantes protestan contra el CAFTA en El Salvador.
Salvadoreños protestan contra el CAFTA, pero su país ya ratificó el tratado.

En tanto, queda pendiente la ratificación por parte de Costa Rica, Nicaragua y República Dominicana, donde existe fuerte oposición.

Los que están en contra son fundamentalmente algunos sectores agrícolas e industriales, que sostienen que el tratado de libre comercio posiblemente enviará a la quiebra a medianos productores y campesinos de la región.

Es por eso que, más allá de la firma de papeles y las fotos para la prensa, lo importante es analizar lo que se espera de este tratado comercial y las consecuencias que tendrá sobre las economías de estos países, y mucho más importante aún, sobre su gente.

Las dos caras de la moneda

Los pronósticos sobre las consecuencias de este tratado de libre comercio son marcadamente opuestos.

Por un lado, tras la aprobación en el senado estadounidense, expresiones como "es una victoria para Centroamérica" o "es un sueño acariciado por muchos años", se escucharon de boca de presidentes de la región.

Y es que para aquellos que están a favor del CAFTA, este tratado comercial ayudará a dinamizar las economías de Centroamérica y de República Dominicana, al aumentar las exportaciones tanto de productos tradicionales como no tradicionales -al incrementarse el comercio entre Estados Unidos y la región-, lo cual es sinónimo de impulsar el Producto Interno Bruto (PIB) y el empleo en estos países.

Según los partidarios, el tratado de libre comercio ayudará a generar una especie de "atmósfera segura" que contribuirá a atraer mayor inversión extranjera a la región, al mismo tiempo que asegurará que los países se concentren en las actividades en las que tienen mayor productividad.

Sin embargo, los que se oponen afirman que el tratado traerá aún más miseria y sufrimiento para la región.

Trabajadores en una fábrica de zapatos en Nicaragua.
Los promotores del CAFTA aseguran que aumentarán las exportaciones de los países centroamericanos.

Una de las preguntas claves que se hacen los sindicatos y organizaciones agrícolas así como también microempresarios, es cómo van a resistir la libre competencia (la reducción de las barreras comerciales) con Estados Unidos cuando se encuentran en inferioridad de condiciones con respecto a tecnología y volumen.

Ellos destacan que el libre comercio hace desaparecer a aquellos sectores que no son competitivos.

También les preocupan los subsidios agrícolas que benefician a los productores estadounidenses (fundamentalmente sobre el arroz, el fríjol y el maíz) y que hacen a sus productos altamente competitivos (más baratos) frente a los de la región.

De igual forma, algunos sectores temen que una vez eliminadas las barreras arancelarias, cualquier multinacional pueda competir con cualquier pequeña o mediana empresa en Centroamérica, sofocando a la industria nacional.

¿Qué busca EE.UU?

No es de extrañar que en Estados Unidos, la mayoría de los grupos agrícolas y del sector empresarial apoyan el CAFTA, ya que éste eliminaría las barreras arancelarias de la región centroamericana y eso significará una mayor entrada de sus productos.

En pocas palabras, el tratado de libre comercio con la región significa un mayor mercado y, por ende, mayores ventas y abultadas ganancias.

Un trabajador corta caña de azúcar.
En EE.UU. también se oponen al CAFTA, como los trabajadores azucareros.

Al mismo tiempo se espera que el CAFTA ayude a amortiguar el impacto negativo de la competencia de China, al alentar una mayor integración con la industria centroamericana.

Ante estas positivas perspectivas, se hace difícil pensar que alguien en EE.UU se pueda oponer al CAFTA.

Sin embargo, este tratado comercial enfrenta la oposición de los sectores azucarero y el textil, que aseguran que el convenio siembra el precedente de la apertura del mercado estadounidense al ingreso de más productos de la región.

Hasta el momento, los demócratas habían marcado fuerte oposición al tratado pero viraron su postura en la última votación y le dieron un espaldarazo a la política económica del presidente Bush, dejando el terreno listo para la entrada en vigencia del CAFTA.

¿Qué se puede esperar?

Más allá de estar a favor o en contra del CAFTA, lo que está bien claro es que éste no será una panacea para Centroamérica.

Según un informe reciente del Banco Mundial (BM), el CAFTA por sí mismo no aumentará el crecimiento ni el desarrollo en los países firmantes.

Por el contrario, se puede esperar que la población rural de estos países centroamericanos (especialmente aquellos que basan sus actividades económicas en la producción de granos y los lácteos) se vea afectada por la entrada en vigencia del acuerdo, al enfrentar una bajada de precios en algunos productos y una reestructuración en las economías.

Es por eso que resultará fundamental una agenda paralela de los gobiernos centroamericanos para brindar capacitación a los campesinos y productores, así como mayor acceso al crédito en las áreas rurales y una mayor inversión en infraestructura.

Sin estos esfuerzos, será muy difícil generar empleos, mucho más solucionar los problemas de desigualdad y pobreza, en una región donde casi la mitad de la población vive en zonas rurales y que depende fundamentalmente de la agricultura para sobrevivir.



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