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Lunes, 13 de febrero de 2006 - 09:21 GMT
El Salvador y el costo de la violencia
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Presuntos miembros de una pandilla detenidos en San Salvador
Presuntos miembros de una pandilla detenidos por la policía.
Al caminar por las calles de San Salvador, capital de El Salvador, se hace evidente que la violencia es un tema que preocupa a todos sus ciudadanos.

Guardias de seguridad en todas las esquinas, custodiando la entrada a comercios, fábricas, vecindarios y lugares públicos, así como también ventanas con rejas y muros recubiertos con alambres de púa, son algo que despierta la atención de los visitantes, pero que parece estar ya integrado a la vida cotidiana de los lugareños.

"A mí me da seguridad (¿) aquí hay mucha pandilla", me explicó Doña Rosita, una salvadoreña de 54 años que vende "pupusas" (una empanada/tortilla tradicional) en el centro de la ciudad, cuando le pregunto su opinión sobre del guardia armado que cuida la entrada de un comercio, a pocos pasos de donde ella tiene instalada su precaria mesa de ventas.

La preocupación de Doña Rosita no es menor. Y es que en El Salvador, la tasa de homicidios alcanzó en 2005 los 54,7 por cada 100.000 habitantes, colocándolo como el primer país de América Latina con más muertes violentas, seguido por Honduras, Guatemala y Colombia.

La violencia en números

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2005, el costo económico alcanzó los US$1.717 millones en 2003.
Según cálculos de la Policía Nacional Civil (PNC), el número de homicidios creció más del 35% el último año, al registrarse 3.761 asesinatos en El Salvador (muchos de ellos atribuidos a pandillas).

El número de homicidios -medida internacional que se utiliza para calcular el nivel de violencia en un país- ha venido creciendo constantemente en el país desde los últimos tres años, pese a los esfuerzos del gobierno salvadoreño por controlar la violencia mediante el plan denominado Super Mano Dura.

La PNC calcula que el 80% de los crímenes de 2005 fueron cometidos con armas de fuego, en un país donde se estima que existe medio millón de ellas.

Para enero de 2006, la PNC calcula un nuevo incremento en la tasa de homicidios, al registrarse 316 asesinatos, un promedio diario de 10,2.

A estas cifras hay que agregarle altos niveles de incidencia de otros delitos violentos como violencia familiar, robos, extorsiones, entre otros.

El gobierno asegura que, pese a que el número de delitos (homicidios, robos, etc.) continúa siendo elevado, el plan Super Mano Dura ha tenido éxito dado que antes del plan, se cometían 8.464 delitos, cifra que se redujo a 7.917.

¿Cuánto cuesta la violencia?

Mujer salvadoreña frente a un hospital en huelga
"La violencia incide negativamente en el desarrollo humano".
Todas esas manifestaciones de violencia no sólo afectan la vida cotidiana, la calidad de vida de los salvadoreños, e incide negativamente en el desarrollo humano y la consolidación de la gobernabilidad democrática del país. También golpea los bolsillos de todos los salvadoreños.

Según el informe "¿Cuánto cuesta la violencia en El Salvador?", elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2005, el costo económico alcanzó los US$1.717 millones en 2003.

El cálculo, según el PNUD, considera los costos tangibles (fondos del Estado para prevenir y combatir todo tipo de violencia, gastos de salud, costos legales, ausentismo del trabajo y productividad perdida, etc.), pero deja fuera los intangibles o más humanos (los costos relativos a las limitaciones de gozar de una plena libertad y convivir de manera armónica).

La cifra representó el 11,5% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese año, equiparó el total de la recaudación tributaria, y resultó el doble de los presupuestos en salud y educación.

En 2003, los salvadoreños gastaron unos US$260 per cápita, por concepto de violencia.

Sin dudas un alto costo para un país donde la mitad de la población vive por debajo de la línea de la pobreza, el desempleo alcanza el 6%, y donde la emigración es vista como un arma de sobrevivencia económica.

¿Cómo se soluciona?

Reclusas en El Salvador.
A veces no alcanza sólo con detener a quienes violan la ley.
Terminar con la violencia no es una tarea fácil. Las rejas y los guardias de seguridad pueden ayudar a prevenir la delincuencia y a reducir la inseguridad en las calles, pero no son el instrumento adecuado para eliminarla.

Es por eso que resulta vital la combinación de planes que busquen poner un alto a la delincuencia y las pandillas -como el Mano Dura- con propuestas que permitan una mayor generación de empleo y reinserción laboral, y que contribuyan a reducir los niveles de pobreza y desigualdad en el país.

Un mayor fomento de la educación, la equidad de género y mejores herramientas a nivel de justicia, resultan también instrumentos claves para lograr que la violencia -en todas sus manifestaciones- deje de ser algo cotidiano en la vida de los salvadoreños.



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