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Lunes, 6 de junio de 2005 - 11:50 GMT
OEA: democracia y economía
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

"Cuando a la gente le ponen el dilema de tener un poquito menos de democracia y un poquito más de solución a sus problemas, la gente cae en ese falso dilema. Y la caída en ese falso dilema es precisamente lo que abre las puertas al populismo o al autoritarismo".

Así lo dijo el nuevo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, en el marco de la XXXV Asamblea General del organismo.

Jose Miguel Insulza, Secretario general de la OEA
"Es un riesgo para la democracia que 200 millones vivan con menos de un dólar al día": JM Insulza.

Insulza se refería a las numerosas encuestas de opinión pública que muestran que si bien la adhesión a la democracia en América Latina es amplia, un gran porcentaje de los latinoamericanos estaría dispuesto a dejar de lado un poco de libertad y democracia, a cambio de soluciones para sus problemas económicos.

Así lo demuestra el último informe sobre el estado de la Democracia en América Latina elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el que se encuestaron a más de 18 mil personas en 18 países de la región.

El estudio reveló que el 54,7% de la población estaría dispuesta a vivir bajo un régimen autoritario, si este contribuyera a reducir los problemas que los aqueja, mientras que un 41,9% de los entrevistados no siente ningún tipo de remordimiento al pagar el precio de cierto grado de corrupción en sus gobiernos.

En pocas palabras, los latinoamericanos están dispuestos a pagar el precio de la necesidad: un gobierno autoritario y cada día más corrupto, siempre y cuando eso signifique un alivio para sus bolsillos.

Un dato que genera alarma y que se hace difícil de digerir, más que nada para los millones de latinoamericanos que en algún momento de sus vidas tuvieron que vivir bajo un régimen autoritario y que han sufrido en carne propia lo que ello significa.

Democracias que funcionen

Si bien es cierto que hoy la mayoría de los países de América Latina vive en democracia, -hay que recordar que la región apostó por un cambio 25 años atrás cuando abandonó los gobiernos autoritarios (como los de Argentina, Chile y Uruguay, entre otros), para dar camino a gobiernos democráticos, elegidos por mayoría popular-, también lo es que la región no ha superado sus problemas de pobreza y desigualdad.

"La idea que se le tiende a crear a la gente, de pronto es que hay otros caminos para llegar a resolver sus mínimos problemas, de mejor manera que la democracia", remarcó Insulza.

Y agregó que "en un continente en que unos 200 millones de personas viven con menos de un dólar al día, ciertamente ese es un riesgo muy grande para la democracia".

En este contexto, el nuevo secretario general de la OEA remarcó que se necesitan "democracias que funcionen" en la región, admitiendo que es "difícil" lograrlo cuando "persisten altos niveles de pobreza y desigualdad" en la región.

Alí Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela.
Alí Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela.

Hoy, más de 220 millones de personas son pobres en América Latina, de los cuales, 95 millones ni siquiera pueden cubrir sus necesidades básicas de vivienda y alimentos. La brecha entre los que tienen más y los que tienen menos se ha agrandado a pasos agigantados, al tiempo que millones de personas no tienen empleo.

Es justamente esa realidad la que lleva a muchos latinoamericanos -más que nada a aquellos con bajo nivel educativo y escasos recursos- a cuestionarse si la democracia es eficiente en términos económicos. Y a no ver que cambiar democracia por autoritarismo no es la mejor solución a los problemas de América Latina.

La verdadera solución está en combatir la corrupción, nombrar gobiernos responsables, crear mecanismos de supervisión eficientes y dejar de fomentar las malas administraciones.

La propuesta que causa debate

El tema de la democracia y los mecanismos para reforzarla será uno de los que causará mayor debate en el marco de esta trigésimo quinta asamblea de la OEA, aquí en Fort Lauderdale.

Más que nada la propuesta de Estados Unidos para que la OEA se comprometa a crear un sistema de evaluación capaz de "anticiparse a las crisis" que puedan poner en riesgo la democracia en América Latina.

A la que países como Venezuela se oponen rotundamente alegando que este sería un mecanismo de "intervención" en los países miembros con la excusa de vigilar el estado de la democracia.

Según el ministro venezolano de relaciones exteriores, Alí Rodríguez, "es inocultable que lo que se está preparando es un sistema de monitoreo que ahora han llamado democracia preventiva y que el objetivo es muy claro: Venezuela".

Insulza rechazó que la propuesta de EE.UU esté diseñada para un país específico y remarcó que "la unión Europea tiene un cláusula democrática y nadie se asombra", refiriéndose a la conveniencia de que América tenga una cláusula democrática como la tienen otras regiones del mundo.

El debate sobre el reforzamiento de la democracia en la región será amplio. De eso no hay duda. Pero, más allá de que si se está a favor o en contra de esta propuesta estadounidense o de los reclamos de Venezuela, lo importante es estar consciente de que el fortalecimiento de la democracia es una herramienta vital para la "salud" de la región.

Mucho más en tiempos en que los latinoamericanos, según las encuestas de opinión, están dispuestos a cambiar libertad y autonomía por un pedazo de pan. Un hecho que resulta lamentable para nuestra América Latina.

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