En simples palabras, el libre comercio aboga por el principio de la libertad a la hora de negociar. Es decir, por la no existencia de trabas arancelarias o subsidios que puedan frenar la entrada y/o salida de productos de un país o continente hacia otro.
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Es un paso firme para atraer inversiones y crear empleos
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Nicaragua, junto a Costa Rica y República Dominicana, está a punto de ratificar el Tratado de Libre Comercio Centroamericano o CAFTA, por sus siglas en inglés (Central America Free Trade Agreement) paso que ya han dado Honduras, El Salvador y Guatemala-, pero no toda su gente parece estar convencida de las bondades que este acuerdo promete.
El libre comercio busca incrementar las exportaciones, uno de los componentes de la ecuación del Producto Interno Bruto (PIB) de un país. Si las exportaciones suben, entonces el PIB crece y si crece la economía, eso beneficia al menos en teoría a todos.
La ecuación parece cerrar por todos lados, pero entonces ¿por qué hay quienes se oponen a estos tratados? ¿Existen dos caras de una misma moneda? ¿Está Nicaragua preparada para darle el sí al CAFTA?
Sobre este tema, charlé en las oficinas de la BBC Mundo en Miami con la ministra de Fomento, Industria y Comercio de Nicaragua, Azucena Castillo, quién asegura que el CAFTA es la única solución con la que cuenta su país en estos momentos para reducir la pobreza y volver su economía más productiva.
¿Con o sin CAFTA?
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sin CAFTA ya se sabe que no hay oportunidad y con CAFTA sí vemos una oportunidad
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Cuando le pregunté a la ministra por qué pensaba que el CAFTA sería de beneficio para todos los nicaragüenses aún cuando existen los que firmemente se oponen, respondió que el tratado de libre comercio sería un paso firme para atraer inversiones y crear empleos de calidad en el país, así como también un arma para generar la reactivación económica que necesita Nicaragua para combatir la pobreza.
La ministra asegura que la pregunta clave que debemos hacernos es: "¿Cómo están mejor los pobres, con CAFTA o sin CAFTA?" Y según sus palabras, "sin CAFTA ya se sabe que no hay oportunidad y con CAFTA sí vemos una oportunidad".
Pero aunque el tratado de libre comercio de Centroamérica más República Dominicana con Estados Unidos, a los ojos de la ministra y de aquellos que lo apoyan, es una "oportunidad" para su país, también asegura que este no será la solución a los problemas de Nicaragua que se arrastran desde la década de los ochenta cuando se terminó con la empresa privada y la clase media.
Tampoco, aventura la ministra, todo será color de rosa. Lo más importante, dice Castillo, es identificar "cuáles serán los sectores ganadores y cuáles son los otros que deberán hacer reformas".
¿Y los subsidios?
Un opositor al CAFTA en Guatemala protesta contra la firma del acuerdo.
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Justamente, sobre los sectores que se verían más afectados con el CAFTA, le pregunté cómo harán los campesinos nicaragüenses para competir con productos estadounidenses subsidiados y con mayor tecnología. O lo que es lo mismo, ¿está realmente el agro nicaragüense preparado para el CAFTA?.
Según Castillo, "la situación de los subsidios es una realidad amarga para los países como Nicaragua, que su orientación es agrícola y donde los grandes niveles de pobreza se encuentran en esos sectores más afectados; estamos sin CAFTA, estamos sin el trabajo y los subsidios están".
"Nicaragua no puede subsidiar y esa situación se tendrá que arreglar. Está la OMC (Organización Mundial del Comercio) y ese es un campo donde conversan más de 150 países", dijo la ministra, asegurando también que "el CAFTA es un paso para conversar estos asuntos".
Pero sí todavía existen los subsidios del lado estadounidense, ¿qué está haciendo Nicaragua para proteger la producción agrícola nacional, que contribuye en un 32% al Producto Interno Bruto del país, una vez que el CAFTA entre en vigencia?
La ministra Castillo aseguró en la charla con BBC Mundo que "la negociación se dio con protección a este sector de la economía, se le dio protección al fríjol, al arroz y al maíz que quedó excluido del tratado". Una protección que llega a 15 años para que los inversores se reconviertan y se vuelvan competitivos".
La idea es que los productores agrícolas de esos sectores se preparen para competir y se vuelvan más eficientes durante ese período de tiempo, mientras que similares productos provenientes de Estados Unidos continuarán pagando los aranceles tal y como lo hacen hoy en Nicaragua.
Según Castillo, la inversión que significará el CAFTA le dará apoyo a la agro-industria, ya que Nicaragua no puede "seguir exportando productos genéricos o commodities".
"Conseguimos cuotas en la parte de carne, maní, azúcar y lácteos, con los que se aumentarán en US$45 millones las exportaciones y se espera crear 50 mil nuevos empleos en el agro", dijo la ministra.
¿Y las PYMES?
Las protestas contra el CAFTA generaron violentos disturbios en Guatemala.
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Pero qué pasará con las pequeñas y medianas empresas (PYMES) en Nicaragua, las que representan el 80% de las fuentes de empleo del país. ¿Están estas preparadas para el acuerdo?
La ministra puntualizó que "sin CAFTA, son PYMES que no cumplen con los estándares de calidad que se necesitan".
Es por eso que "la ley de zona franca deberá adaptarse para que las PYMES puedan acceder a los mismos beneficios que tienen las empresas que exportan", así como también "facilitarles el acceso al crédito, algo de lo que han estado excluidas tradicionalmente", le dijo Castillo a BBC Mundo.
Cuando le pregunté a la ministra si existía alguna posibilidad de que Nicaragua le dijera que no al CAFTA, respondió que "no hay otra opción".
Quedarse fuera del CAFTA podría significar un golpe aún más duro para la ya debilitada economía nicaragüense.
Esperemos que la ministra tenga razón y que el CAFTA sirva para tenderle una mano a los más necesitados tanto en Nicaragua como el resto de Centroamérica y la República Dominicana.