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Lunes, 7 de noviembre de 2005 - 11:33 GMT
Bush, Fox y los inmigrantes
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Juan Cruz Domínguez es mexicano. Llegó a Estados Unidos como muchos otros compatriotas: cruzando la frontera. Y desde ese día ya han pasado siete años.

Fox junto a otros mandatarios americanos
Fox junto a otros mandatarios de la región durante la Cumbre de las Américas.
Sin embargo, Cruz no ha perdido la ilusión de regresar a su ciudad natal, Fresnillo, en el estado de Zacatecas. Todas las semanas, cuando lo veo cuidadosamente arreglando el jardín de los edificios de la calle en que vivo, me repite la misma frase: "Ya falta poco, ya falta poco para regresar a casa".

Y aunque Cruz, como tanto otros mexicanos que viven en Estados Unidos, no fue invitado a participar de la IV Cumbre de las Américas, ni a ninguna otra reunión entre jerarcas, mandatarios y/o gobernantes, tampoco pierde la esperanza de que su presidente, Vicente Fox, pueda hacer algo para mejorar la calidad de vida de inmigrantes, al menos antes que este termine su mandato.

Entre los planes de Fox estaba incluir en la Declaración de Mar de Plata un párrafo que enfatizara que los inmigrantes tienen derechos laborales que deben ser respetados, sin importar su estatus migratorio (documentados o indocumentados). Algo a lo que Bush puso una clara oposición desde el comienzo de las negociaciones.

¿Qué busca Fox?

La idea de Fox era poner sobre la mesa en la reunión de los 34 mandatarios de los países que integran la Organización de Estados Americanos (OEA) el tema de los inmigrantes y su fuerza laboral, justamente en momentos en que los temas centrales de la cumbre fueron la creación de empleos para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática.

"Ya falta poco, ya falta poco para regresar a casa".
Juan Cruz, inmigrante
Básicamente, Fox buscaba impulsar el diálogo en torno al respeto de los derechos humanos de los trabajadores que, por una razón u otra, han tenido que emigrar de sus países de origen, y colocarlos en el centro de la economía globalizada en la que vivimos.

Para Fox, este reconocimiento para el inmigrante es más que justo ya que éste no sólo contribuye con el crecimiento de la economía estadounidense ¿al brindar fuerza laboral-, sino también con el de su país ¿a través de las remesas-.

Y con solo darle una mirada a las estadísticas alcanza para darse cuenta de lo acertado de sus palabras.

¿Cuántos son y qué hacen?

Según cálculos del Centro Hispano PEW, una organización sin fines de lucro, la población sin estatus legal en Estados Unidos asciende a unos 10,3 millones, los que representan un 29% de los 36 millones de residentes nacidos en el extranjero que viven en el país.

Cifras
En EE.UU. viven cerca de 11,2 millones de mexicanos.
El 57% o 5,9 millones no tienen estatus legal.
Los mexicanos son la población inmigrante más abultada. Cerca de 11,2 millones de mexicanos viven en EE.UU, de los cuales, el 57% o 5,9 millones no tienen estatus legal en el país.

Según datos arrojados por una encuesta realizada por el PEW en los estados donde se localiza el mayor porcentaje de la población mexicana (California, Nueva York, Chicago, Atlanta, Texas y Carolina del Norte), estos inmigrantes vuelcan su fuerza laboral en tres áreas que juegan un rol central en la economía estadounidense: servicios, construcción y manufactura. Un fuerte porcentaje de ellos trabaja en la agricultura y en el pequeño comercio.

Basta con darse una vuelta por los suburbios de cualquiera es esos seis estados para descubrir dónde están y qué hacen estos mexicanos para ganarse el pan.

A lo anterior se le suma que estos inmigrantes también contribuyen con la economía mexicana al enviar unos US$16,6 mil millones anuales (volumen alcanzado en 2004) en concepto de remesas.

Según un informe del Consejo Nacional de Población (Conapo), los hogares destinan la mayor parte de esas remesas a las satisfacción de necesites básicas y otro tipo de consumo doméstico.

¿Qué se puede esperar?

George W. Bush
Bush enfatizó que la promoción de la migración debe hacerse de acuerdo a los derechos jurídicos de cada estado.
La declaración de Mar del Plata incluyó finalmente la cláusula que Fox tanto pedía: el compromiso de los estados miembros de proteger los derechos humanos de los inmigrantes, desalentar la inmigración indocumentada y fortalecer los lazos de cooperación entre los países en materia migratoria.

Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer.

Durante las negociaciones, EE.UU. enfatizó que la promoción de la migración debe hacerse de acuerdo a los derechos jurídicos de cada estado y siguiendo las normas de derechos humanos internacionales aplicables (tal y como quedó redactado en la declaración final), lo que deja el campo abierto para resolver el tema migratorio ¿al menos entre EE.UU. y México- en el Congreso estadounidense.

Es por eso que a los inmigrantes mexicanos no les queda más que esperar que Fox "se amarre los pantalones" como dice Cruz, y que siga luchando como Presidente de "dos países" por el interés de su gente.



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