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Lunes, 10 de octubre de 2005 - 16:25 GMT
El poder de los inmigrantes
Mariana Martínez
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Sobre los hombros de millones de inmigrantes descansa el crecimiento de la economía mundial.

Y es que los inmigrantes no sólo contribuyen con las economías de sus países de origen a través del envío de remesas, sino también con las de los países que los reciben, al formar parte de su fuerza laboral.

Inmigrantes
Los inmigrantes son una importante fuente de recursos para sus países de origen.

Así lo destaca el reciente informe de la Comisión Global para la Inmigración Internacional de las Naciones Unidas (ONU), al asegurar que el trabajo de los inmigrantes, tanto calificados como no calificados, es uno de los motores del crecimiento de la economía de los países que los reciben.

Según el informe de la ONU, entre 185 y 192 millones de personas -o el 3,3% de la población mundial- viven fuera del país en el que nacieron, de los cuales, el 48% son mujeres.

De estas cifras se desprende que una de cada 35 personas en el mundo es inmigrante.

Un fenómeno recurrente

El fenómeno no es reciente. El flujo migratorio se ha más que duplicado desde la década de los 70, cuando los inmigrantes sumaban unos 82 millones.

La región del mundo que más inmigrantes capta es Europa, seguida por Asia, América del Norte y África. Siendo Estados Unidos, el país del mundo que más inmigrantes recibe (35 millones, que representan el 20% del stock mundial de inmigrantes).

Las remesas que envían los inmigrantes a sus países de origen claramente representan un beneficio para las economías que las reciben.

Contrario a lo que generalmente se tiende a pensar, los inmigrantes en general no contribuyen a bajar los salarios en los países receptores ni restan fondos públicos destinados al bienestar de la sociedad en su conjunto

Alcanza con tomar en cuenta que el volumen de remesas supera, en un buen número de países, a la ayuda oficial para el desarrollo, y que representa un abultado porcentaje de indicadores económicos básicos como el Producto Interno Bruto (PIB) y las exportaciones.

El flujo de remesas mundial es abultado. Las remesas alcanzaron la cifra récord de US$126.000 millones en 2004, de los cuales US$45.000 millones tuvieron como destino América Latina y el Caribe, y US$25.000 millones Asia del Sur.

México e India son los países del mundo que más remesas reciben en volumen, mientras que Estados Unidos y Arabia Saudita son las naciones desde donde más se envían.

La mayoría vive en países industrializados

Pero el impacto de la migración internacional va más allá de las remesas. El 63% de los inmigrantes a nivel mundial viven en países industrializados y el 37% restante en naciones en vías de desarrollo, formando parte de su fuerza laboral.

El informe de la ONU asegura que uno de los mitos que existe acerca de la migración es que ésta contribuye a eliminar puestos de trabajo en los países receptores.

Sin embargo, según el informe, existen evidencias de que los inmigrantes hacen el trabajo denominado "sucio", difícil y peligroso -limpieza, recolección de basura, agricultura, etc.-, tareas que los ciudadanos de los países receptores no quieren realizar, por lo que contribuyen en buena medida con el crecimiento económico de estas naciones.

De igual forma, el informe destaca que, contrario a lo que generalmente se tiende a pensar, los inmigrantes en general no contribuyen a bajar los salarios en los países receptores ni restan fondos públicos destinados al bienestar de la sociedad en su conjunto.

No todo es color de rosa

Inmigrantes en la frontera entre México y Estados Unidos
Cerca del 3% de la población mundial es inmigrante.

Sin embargo, la migración puede acarrear efectos negativos tanto para las economías receptoras de inmigrantes como para las "expulsoras".

Por un lado, si la migración se pone en marcha para aliviar el desempleo, ese fenómeno es pasajero, ya que no soluciona los problemas estructurales de fondo.

Así mismo, si los que emigran son trabajadores calificados, se produce la denominada "fuga de cerebros", es decir, el país de origen pierde gente pensante, mientras que el receptor la gana, impulsando por ende el crecimiento de su economía.

Es por eso que, en este mundo globalizado, donde cada día se vuelve más difícil determinar si el inmigrante emigró por problemas económicos, políticos o simplemente por reunificación familiar, se hace necesario abordar el tema migratorio dentro de un marco de cooperación internacional que permita conseguir resultados beneficiosos para todos.

Y como ya es un hecho que los inmigrantes son una masa laboral con fuerza, capaz de cambiar el rumbo de la economía mundial, es evidente lo vital que resulta incluir el tema migratorio dentro de las agendas de desarrollo de los países, priorizando el respeto de los derechos humanos y la calidad de vida del que emigra.

Algo que todavía es materia pendiente incluso en naciones que reciben diariamente a cientos de inmigrantes, que son los que encienden los motores de sus economías.

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