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Sábado, 22 de enero de 2005 - 03:07 GMT
¿No habrá más pobres en 2015?
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

"Tenemos la posibilidad de ser testigos de la erradicación de la pobreza extrema en el mundo. No hablo de la reducción, hablo de la erradicación", dijo el renombrado economista Jeffrey Sachs al presentar los resultados de un informe preparado a pedido de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y cuyo objetivo es evaluar las llamadas "Metas del Milenio".

Pobreza infantil.
En el mundo, unos 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar al día.
Según dice el informe, todavía estamos a tiempo de alcanzar los ocho objetivos adoptados por los países del mundo en la Cumbre de 2000 y que consisten en eliminar la pobreza extrema y el hambre, brindar acceso a la educación para todos, promover la igualdad entre el hombre y la mujer, reducir la mortalidad infantil y la mejora de la salud materna.

Entre los desafíos está también combatir enfermedades como el Sida, garantizar un medio ambiente sostenible y establecer una alianza mundial para el desarrollo.

Sin embargo, ante este nuevo informe, una persona racional -sin necesidad de tener muchos conocimientos económicos- podría preguntarse ¿cuál es la diferencia entre hoy y 2000 cuando estas metas y los planes de acción para alcanzarlas fueron lanzados?

Y mucho más aún, ¿cuán realistas son estas metas?, ¿será posible erradicar la pobreza en el mundo?, ¿qué se necesita para llevarlo a cabo?

Estas inquietudes invitan tanto a la discusión académica como a la cotidiana. La sola idea de pensar en la posibilidad de un mundo sin pobres es motivo para la reflexión de la sociedad en su conjunto.

El dato más cruel

En el mundo existen hoy más de 1.200 millones de personas que viven con menos de un dólar al día, o lo que es lo mismo, no cuentan con los medios necesarios para satisfacer sus necesidades básicas (comida, alimento y vestimenta). Una de las "Metas del Milenio", es reducir ese número a la mitad.

El número ya no impresiona a nadie. No es necesario saber exactamente cuántos pobres hay en el mundo para que un ser humano entienda que hay otros, y muchos, que no tienen nada de nada. Basta con levantar la mirada y dar un vistazo a la ciudad, pueblo o colonia donde se vive, sin importar a qué clase social se pertenezca.

Lo que sí sorprende es que, según el informe, la posibilidad de erradicar la pobreza extrema en el mundo es real y tangible, pero (y aquí viene lo más cruel) todavía no se ha hecho lo suficiente para ponerlo en práctica. Es decir, se puede lograr pero no se está haciendo.

La pregunta clave entonces es ¿por qué no se hace? Según el informe, lo que se necesita es la colaboración de los países ricos y la disposición de las naciones pobres para poner en práctica los planes de desarrollo.

El deber de los ricos

Un joven haitiano en la ciudad de Gonaives
Cada día queda más claro que el cumplir el sueño de pobreza cero en el mundo está, más que nada, en las manos de los países más ricos.
Es necesario que los países ricos doblen la ayuda al desarrollo en los próximos diez años. Ayuda que ya habían comprometido en 2000, pero que sólo cinco (Suecia, Dinamarca, Holanda, Noruega y Luxemburgo) de los 22 países industrializados han cumplido al pie de la letra.

El compromiso establecía aportar el 0,70% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que equivale, por ejemplo, a US$ 250 dólares del bolsillo de cada estadounidense o US$188 del de un japonés, anualmente.

Si bien, el Reino Unido, Francia, Bélgica, España, Irlanda y Finlandia, ya han establecido un calendario para cumplir con sus pagos, las obligaciones (en efectivo y no de palabra) de otros países, como EE.UU., Japón y Alemania, todavía están pendientes. Actualmente, EE.UU. contribuye sólo con 0,15% de su PIB, mientras que Japón lo hace con 0,20%.

La idea es ahora incrementar el aporte a 0,44% en 2006 hasta alcanzar el "ideal" de 0,70% en 2015.

Pero esto no basta. Los países desarrollados deberían, además, abrir sus mercados a las exportaciones de los países pobres y ayudarlos, mediante inversiones en tecnología e infraestructura, a elevar su competitividad.

El informe también propone que las naciones ricas otorguen fondos adicionales para promover la ciencia y la tecnología en los países pobres, así como también apoyar la iniciativa del Reino Unido de crear un Mecanismo Internacional de Financiación (para reducir/eliminar la deuda de los más pobres), en 2005.

La obligación de los pobres

Las naciones pobres, por su parte, deben adoptar estrategias nacionales más ambiciosas para alcanzar las "Metas del Milenio".

Uno de los puntos claves es la reforma política, la lucha contra la corrupción y el sistema judicial. Claramente, una forma de preguntarse de qué sirve ayudar si esa ayuda se pierde en el camino y no llega a los más necesitados.

Una evaluación sobre las necesidades de inversión y cómo serán financiadas, es lo que recomienda el informe. Así como también, el fomento del comercio inter-regional y de la gestión regional del medio ambiente.

Kofi Annan, el secretario general de la ONU, también tendrá tarea, según las recomendaciones del informe, y consistirá en el fortalecimiento de la coordinación entre los organismos de la entidad para el cumplimiento de las "Metas del Milenio".

En el tintero

Acampamento de trabajadores sin tierra en Pernambuco
Los países ricos deben cumplir con el aporte de 0,7% del PIB para poder erradicar la pobreza extrema en el mundo.
Ante este "renovado" planteamiento, bien podría una persona pobre mostrarse escéptica y reclamar que está cansada de las famosas "recetas de molde" y preguntarse quién le asegurará que esta vez sí funcionarán.

¿No son acaso estas recomendaciones las mismas que se pensaron en el 2000 cuando los países ricos se comprometieron con las "Metas del Milenio? ¿O distan estas mucho de los incesantes reclamos de los países pobres de reducción de deuda y un comercio más justo?.

Cada día queda más claro que el cumplir el sueño de pobreza cero en el mundo está, más que nada, en las manos de los países más ricos. Y que, tal y como Sachs reconoce, "se ha tardado demasiado tiempo en conseguir una estrategia que funcione", y en estos momentos es ya "es cuestión de vida o muerte".

Y es cierto, porque una persona que se va a dormir todos los días con el estómago vacío no puede esperar 10 años más. Algo que, hasta el momento, ha sido muy difícil de hacérselo entender a aquellos que nunca pasaron hambre.



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