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Sábado, 24 de julio de 2004 - 05:23 GMT
R. Dominicana: ¿quién apagó la luz?
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Basta con poner un pie en el aeropuerto de Santo Domingo, la capital de República Dominicana, para comenzar a escuchar a hombres, mujeres y niños, sin importar la clase social a la que pertenezcan, protestar por los cortes de energía eléctrica o "apagones" que mantienen al país en la penumbra casi las 24 horas del día.

Parto a oscuras
En los hospitales de Santo Domingo muchas dominicanas dan a luz...sin luz.
Es que la falta de energía eléctrica se ha convertido en el común denominador de la vida diaria de los dominicanos. Los ventiladores o abanicos han dejado de funcionar en una ciudad donde la temperatura trepa a diario los 100 grados Fahrenheit (más de 35 centígrados) y en donde conseguir un vaso de agua helada se convierte en una misión casi imposible.

"Más vale estar trabajando que llegar a la casa", me dijo Juan Barreto, el taxista que me acompañó en el trayecto desde el aeropuerto hasta la capital dominicana.

"Al llegar a casa no queda otra que bañarse con agua fría, sacar el colchón a la sala y abrir todas las ventanas. Y ni aún así se puede dormir una hora seguida. El calor es insoportable y, como si fuera poco, todo está en penumbras", me contó Juan al mismo tiempo que aseguraba que sus hijos tienen que hacer las tareas escolares a la luz de una vela.

Caos en las calles

Al igual que Juan, millones de dominicanos sobreviven diariamente en una ciudad que se ha vuelto caótica por la falta de energía eléctrica. En las calles los semáforos no funcionan, los que van al volante se pelean por quién cruza primero, mientras los peatones hacen malabarismos para cruzar la acera.

En los edificios, tanto públicos como privados, los ascensores se atascan con gente adentro y eso ya no es sorpresa para nadie. En tanto, los amigos de lo ajeno se aprovechan de la oscuridad para hacer de lo suyo.

Los hospitales no atienden al público. En el mejor de los casos, si la luz lo permite, reciben algunas emergencias. Ahora a la falta de medicinas se le suma la escasez de energía eléctrica.

A nivel industrial, la historia no es muy diferente. El temor de que pueda ocurrir un colapso total en los sectores productivos del país es grande. Josefina Hernández, directora ejecutiva de la Asociación de Industrias de Zona Franca, dijo que producir en República Dominicana en las actuales condiciones "es una locura", refiriéndose más que nada a las regiones donde se produce dos horas de servicio eléctrico diario.

Niños recién nacidos
Muchos equipos se deterioran por los apagones. Por ello se usan lámparas para resguardar del frío a los recién nacidos.
Muchas pequeñas y medianas empresas se han visto obligadas a cerrar sus puertas temporalmente, mientras otras lo hicieron para siempre. En tanto, las más grandes recortaron sus horarios nocturnos, por los altos costos, la seguridad del personal y para utilizar la energía de emergencia en el horario diurno.

Para tener una idea de la dimensión de esta crisis basta con tomar en cuenta que las empresas generadoras de energía eléctrica en el país producen hoy menos del 35% de lo que se necesita para brindarle energía a toda la población.

¿Quién tiene la culpa?

Como si los apagones fueran poco, los dominicanos tienen que soportar también que los responsables de este caos se laven las manos y se echen la culpa unos a otros.

Por un lado, el gobierno del presidente saliente, Hipólito Mejía, reconoce que la República Dominicana atraviesa por la peor crisis energética en su historia. Pero asegura que este problema ha sido un legado del gobierno anterior.

Mejía asegura que la crisis se debe a "un mal negocio" que hizo el gobierno de Leonel Fernández en el momento de la privatización de la energía eléctrica. Un proceso que se inició en 1999, mediante el cual la estatal Corporación Dominicana de Electricidad cedió la generación y la distribución del fluido energético al sector privado extranjero.

El superintendente general de electricidad, George Reinoso, dijo sin pelos en la lengua que "no hay solución de corto plazo", sin importar ni quiénes ni cuántos dominicanos sufrirán las consecuencias de esta crisis eléctrica.

Reinoso dijo en rueda de prensa que se necesitan US$18 millones para poder encender las plantas que están apagadas y otros US$70 millones mensuales para mantener el sistema permanentemente suministrando energía a toda la población. Dinero que, según el gobierno, República Dominicana no tiene disponible.

Por su parte, las empresas generadoras de energía eléctrica aseguran que la falta de pago de los consumidores y el subsidio del Estado imposibilitan comprar combustibles y mantenerse en operación. La deuda acumulada del estado con las empresas generadoras y de distribución de energía asciende ya a unos US$340 millones.

En manos del nuevo gobierno

La crisis se agudiza día a día y amenaza con traer más que incomodidades a nivel doméstico e industrial.

Con sólo pensar que la crisis está afectando más que nada al sector norte del país donde justamente se genera alrededor del 40% del producto bruto interno (PIB) del país y más de la mitad de las exportaciones de zona francas, basta para imaginarse las consecuencias que tendrá sobre la ya vapuleada economía dominicana.

Bebé a oscuras
Un bebé es alimentado en un hospital de la capital en uno de los típicos apagones.
Los recortes en los suministros eléctricos ocurren en medio de una crisis económica marcada por una alta inflación y una fuerte depreciación del peso dominicano.

El presidente Mejía, quien entregará el poder el próximo 16 de agosto, dijo que dejará, como si fuera una herencia, la solución del conflicto al presidente electo, Leonel Fernández.

Fernández jugará todas sus cartas a la aprobación en el congreso ¿donde su partido no cuenta con la mayoría- de una reforma fiscal que le permitirá reanudar un suspendido acuerdo financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el que tratará de enfrentar la crisis económica nacional.

Mientras las autoridades discuten ¿quién apagó la luz?, los dominicanos se preguntan ¿quién será el que la encienda?, mientras hacen apuestas sobre ¿qué dominicano podrá sobrevivir un mes más sin electricidad?

En medio de esta crisis, lo que está claro es que la solución tiene que venir por algún lado antes que la ciudad se suma en mayor caos y desorden, y la economía dominicana colapse por completo.

República Dominicana no pueden esperar. Los dominicanos no reclaman lujos, solo un poco de energía para vivir dignamente.



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