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Sábado, 29 de mayo de 2004 - 02:28 GMT
Lula: ¿optimista o demagogo?
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

A 15 meses de iniciado su mandato, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, atraviesa por sus momentos más amargos. Es calificado por unos de "demagogo", mientras otros lo defienden asegurando que su pecado ha sido el de ser "muy optimista" y estar lleno de buenas intenciones.

Luiz Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil
Lula da Silva pasó de la luna de miel de las promesas a la realidad de los problemas económicos.
Pero más allá de los adjetivos calificativos que le pueda atribuir la gente, la realidad es que los augurios de crecimiento económico "espectacular", pan y trabajo para todos, y aumento de salarios que Lula prometió el mismo día que asumió su mandato, todavía no se han convertido en realidad y, según los datos macroeconómicos dados a conocer recientemente, no queda mucho espacio para el optimismo, al menos, en el corto plazo.

Ante la ola de críticas, el nivel de popularidad de Lula está en el punto más bajo desde que asumió la presidencia a principios de 2003 y está basado en el incumplimiento de una serie de promesas.

Lo invito a repasar los problemas económicos y sociales que atraviesa Brasil y a los que Lula dio su palabra de mejorar, para estudiar qué realmente ha logrado hasta el momento el mandatario y qué se puede esperar de ahora en un futuro cercano.

Primera promesa: crecimiento

El mandatario prometió que el país atravesaría durante su mandato por un crecimiento espectacular, similar al de los países emergentes, pero en 2003 estuvo muy lejos de lograrlo.

La economía se contrajo un 0,2%, resultando este el primer retroceso en 11 años, dato que hace que los pronósticos a futuro no son muy alentadores.

Aunque el gobierno espera que durante 2004 la economía recupere terreno, ese crecimiento será moderado y tampoco tendrá el brillo prometido por Lula al comienzo de su gobierno.

Según proyecciones oficiales y de organismos internacionales, la economía crecerá este año entre 3% y 4%, pero no más.

Los números hablan por si solos. En el primer trimestre del año, el crecimiento ha sido muy lento y si tomamos en cuenta el período que va de marzo de 2003 a marzo de 2004, el crecimiento de la economía brasileña ha sido cero.

Con este magro puntapié inicial, sumado a que las tasas de interés en Brasil están por las nubes (16% anual), será prácticamente imposible ver tasas de crecimiento mayores al 3%.

Calle de Sao Paulo
Los brasileños siguen con los mismos problemas económicos
Esto se debe a que las altas tasas limitan el acceso al crédito, lo que hace que el consumo y la inversión bajen y, a su vez, estanca la generación de empleos. ¿Cómo sucede esto? Simple, imagine que usted es productor agropecuario, por ejemplo, y está pensando en comprar cinco tractores y las tasas de interés están altas.

Usted pensará dos veces antes de sacar el crédito y, seguramente, pospondrá su compra para más adelante, no contratará a los nuevos empleados que manejarían los nuevos tractores y tampoco producirá lo que iba a producir con la nueva maquinaria.

Usted invierte menos, produce menos y contrata menos empleados, con las consiguientes consecuencias sobre la economía. Ahora multiplique el efecto por varios millones de personas y verá qué fácil es el inicio de una recesión en una economía.

Ante estos pronósticos, el gobierno de Lula argumenta que las tasas están iniciado una tendencia a la baja (de 20% pasaron a 16% anual).

Sin embargo, todavía están en niveles muy altos y si se toma en cuenta que Estados Unidos está a punto de subir sus tasas de interés, entonces las posibilidades de que la tendencia a la baja de los tipos de interés brasileños se interrumpa es aún mayor, no descartándose que incluso el Banco Central de Brasil se vea obligado a nuevamente incrementar el costo del crédito para corregir los descalabros que la suba de tasas en Estados Unidos puede causar sobre la economía brasileña. Un panorama nada alentador.

Segunda promesa: trabajo y salarios

Lula prometió también duplicar el salario mínimo nacional durante su campaña electoral, pero tampoco ha cumplido con eso. El mandatario otorgó desde este mes una modesta alza del salario mínimo de 240 reales a 260 reales (unos US$83,3) y desató una ola de crítica entre los sindicatos e incluso entre los miembros de su propio partido.
Lula y Chirac
Lula se reunión con el presidente de Francia, Jacques Chirac, en la búsqueda de un TLC con la UE.

Lula se justificó diciendo que un incremento mayor hubiera sido irresponsable con su compromiso de mantener en orden las cuentas fiscales. Pero la respuesta no fue bien recibida por los trabajadores.

Si a esto le agregamos que el nivel de desempleo tocó en 2003 el nivel histórico de 13,1%, se le hará a usted más fácil entender el descontento público.

Tercera promesa: hambre cero

Sin trabajo y sin mejores salarios, la idea de hambre cero se hace más que imposible de cumplir. Hoy, a 15 meses de iniciado su mandato, todavía existen más de 46 millones de brasileños no tienen nada para comer y viven en condiciones precarias.

No se puede negar que hubo avances en algunos puntos del plan hambre cero, pero todavía no llega a todos los que lo necesitan y, desde ya, se puede pronosticar que pasará mucho tiempo antes de que eso ocurra.

Lula ha puesto en marcha una política económica ortodoxa, marcada por la austeridad, para poner en orden la casa, algo que poco se parece a la imagen que dio durante la campaña electoral.

El mandatario se ha defendido diciendo que para cambiar Brasil hay que "tener coraje para hacer las cosas correctas (¿) aún cuando corro el riesgo de ser incomprendido por el pueblo".

Pero la comprensión por parte del pueblo se torna difícil cuando no hay trabajo, el dinero no alcanza para pagar las cuentas o alimentar a la familia y se ha prometido tanto y para todos.

Es aquí cuando el valor de la prudencia queda a la vista y se puede reflexionar lo injusto que resulta jugar con las expectativas de los pueblos prometiendo erradicar en poco tiempo lo que no tienen fácil solución.

No se puede negar que Lula tiene buenas intenciones, pero su error ha estado en prometer demasiado, porque las utopías, tarde o temprano, siempre se chocan con la realidad.

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