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Sábado, 20 de marzo de 2004 - 18:55 GMT
El Salvador: el día después
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Caminar por las calles de San Salvador, en el Salvador, es como caminar por cualquier calle de Centroamérica. El contraste entre los que tienen mucho y los que no tienen nada de nada se puede apreciar a golpe de ojo.

Personas afectadas por los terremotos de 2001
El Salvador tiene varias cicatrices que sanar, entre ellas las de los desastres naturales.
La calidez de la gente, pese a las advertencias sobre las pandillas y la creciente ola de violencia en el país, se respira desde el momento mismo en el que se pone un pie en el aeropuerto o se inicia conversación con cualquier vendedor callejero, y eso hace que la pobreza adquiera otra dimensión.

Mientras se recorren las calles atestadas de afiches multicolores donde están plasmadas las caras de quienes aspiran a convertirse en el nuevo presidente de los salvadoreños, la mente invita a pensar en lo qué pasará, una vez los comicios terminen y el país deba volver a la realidad para enfrentar los duros desafíos que tiene por delante.

El país y sus desafíos

Los salvadoreños saben que los retos son muchos y difíciles de alcanzar. La realidad se encarga de mostrárselos a diario.

El nuevo presidente, ya sea de izquierda -Schafik Nadal - o de derecha -Antonio Saca-, recibirá un país golpeado por la pobreza, los desastres naturales y el fantasma de una guerra civil que aún no ha cerrado sus cicatrices.

De las acciones que tome el nuevo mandatario dependerá la vida de 6,4 millones de salvadoreños que viven en el país, pero también la de otros 2,3 millones que un día tuvieron que abandonar su tierra y emigrar a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Estos salvadoreños, que sueñan siempre con regresar cuando la economía mejore, envían remesas por US$2.105 millones, lo que representa la segunda fuente de ingresos de divisas, después de las exportaciones de manufacturas y productos agrícolas, y se han convertido en una pieza clave de la economía del país.

Los números hablan solos. Estos emigrantes están cumpliendo la tarea que deberían cumplir los gobiernos, sus envíos de dinero han contribuido a reducir la pobreza de un 51% en 2001, luego que el país fue azotado por el huracán Mitch y terremotos, a 43% en 2003, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Estas remesas están ayudando a cubrir las necesidades básicas de más del 40% de la población, mientras que los programas de ayuda sociales han quedado en el tintero, tanto en el gobierno del actual presidente, Francisco Flores, como en el de su antecesor, Armando Calderón.

El crecimiento no alcanza

Trabajador del Estado limpiando las calles.
Ojalá las promesas electorales no se desvanezcan tan rápido como se descolorarán los afiches publicitarios en las calles de San Salvador
Quien asuma la presidencia heredará una estabilidad económica relativa, pero también un panorama poco alentador en materia de crecimiento económico.

El Producto Interno Bruto (PIB) del país creció fuertemente, más de un 5% anual, al finalizar la guerra civil, pero desde 1998, el ritmo se redujo a un 2,6% anual y en 2003 alcanzó sólo el 2,1%. Este crecimiento ha sido insuficiente para lograr una pronta recuperación de la economía, azotada por la escasa inversión extranjera y los bajos precios de productos tales como el café y el azúcar.

Según cifras del ministerio del Trabajo, la tasa de desempleo se redujo de 8,2% en 1999 a 6,3% en 2003, pero la gente en las calles de El Salvador no tiene la misma percepción, mucho menos uno que, como visitante, explora lo que otros por costumbre ya no pueden ver.

Doña Isaura, por ejemplo, trabaja vendiendo frutas en el mercado y asegura que sobre sus hombros recae el mantener a sus cinco hijos. Cuatro de ellos, mayores de edad, no tienen trabajo, y a ella le toca lavar ropa para obtener una segunda entrada de dinero. La historia de doña Isaura no es un caso aislado y los salvadoreños lo saben.

Si hablamos de deuda, la de El Salvador es grande. Según el Banco Central, la deuda externa del país asciende a US$3.823,1 millones (cifra a septiembre de 2003), lo que significa que cada salvadoreño debe aproximadamente unos US$597. Explíquele eso a Doña Isaura¿

El TLC en la mira

Mujer caminando frente a un muro pintado con propaganda política.
Los salvadoreños saben que tienen muchos retos por delante.
Estas elecciones presidenciales también definirán el camino a seguir en materia de comercio. A fines del año pasado, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua formaron con Estados Unidos, un tratado de libre comercio (TLC) conocido como CAFTA, al que posteriormente se le sumó Costa Rica.

Sin embargo, su instrumentación dependerá del nuevo presidente. Mientras el candidato de derecha, Antonio Saca, asegura que "la apertura comercial es el camino del mundo entero", Schafik Handal, candidato de la izquierda, insiste en que la apertura económica es la causa de la precaria situación económica y social que vive el país.

A los problemas económicos, se le suma la inseguridad pública. La ley "antimaras", como se conoce a las pandillas, puesta en marcha por el presidente Flores, ha contribuido a reducir la delincuencia pero no ha sido suficiente. Cerca de 7 personas mueren diariamente por delincuencia y violencia en El Salvador, es decir, unas 210 personas por mes.

Sin duda, el nuevo presidente salvadoreño tendrá una tarea dura por delante. Los cambios tomarán tiempo. Ojalá las promesas electorales no se desvanezcan tan rápido como se descolorarán los afiches publicitarios en las calles de San Salvador.

Mientras tanto, el día después de las elecciones, doña Isaura, como muchos salvadoreños, tendrá claro que tiene que seguir vendiendo sus frutas para mantener a su familia y rezar para que a sus hijos no les llame la atención obtener una membresía en el club de la Mara Salvatrucha ni de la Mara 18 y para que quizás puedan conseguir un trabajo, el sueño de todos los salvadoreños.




 

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