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Sábado, 7 de agosto de 2004 - 01:26 GMT
OMC: se equilibra la balanza
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Por primera vez en mucho tiempo, las hipocresías de los países más ricos y desarrollados quedaron a la luz y se hizo justicia. La balanza del mercado mundial se inclinó, esta vez, a favor de los países más pobres.

Pobreza en Nicaragua
Las condiciones comerciales de intercambio harían posible luchar contra la pobreza.
Y es que los países en vías de desarrollo (desde José en el campo, y aunque él no lo sepa, hasta presidentes y mandatarios) lograron darle un golpe de gracia al régimen de los subsidios agrícolas impuesto por las naciones ricas.

Un régimen hipócrita que, desde comienzos de la década de los años 1990, había empujado a los países más pobres a eliminar sus barreras arancelarias y abrir sus puertas al comercio mundial, mientras que los países en desarrollo mantenían las suyas contra los productos agrícolas y favorecían a sus productores.

Tras intensas negociaciones, los 147 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) reunidos en Ginebra lograron llegar a un consenso sobre la necesidad de que las naciones industrializadas recorten los subsidios que otorgan a sus sectores agrícolas.

Los países en desarrollo reconocieron finalmente que un comercio agrícola amparado bajo los subsidios no es un comercio libre. Y eso ha sido toda una victoria para los países en vías de desarrollo.

Los pronósticos son claros. Si el compromiso de Ginebra no se pone en práctica lo antes posible, después podría llegar a ser demasiado tarde.
Con el acuerdo de Ginebra quedó en evidencia que los reclamos de los países pobres en temas de comercio eran más que justificados y los países industrializados se comprometieron a reducir en unos US $300 mil millones el monto de ayuda a la agricultura.

Estados Unidos aceptó eliminar subsidios a sus productores agrícolas en cultivos claves como el maíz, arroz y algodón, luego de que la Unión Europea se comprometiera a una medida similar.

No más subsidios

El acuerdo es importante porque pone en marcha un comercio mundial mucho más transparente y equitativo, donde no sólo los pobres (como era hasta ahora) son los que tienen que otorgar y conceder, sino también los más rico y poderosos.

Embarcación en puerto.
Décadas de hipocresía comercial quedaron al descubierto.
Al menos en teoría (habrá que ver cuán bien funciona en la práctica), este recorte en los subsidios de los países industrializados permitirá que los países en vías de desarrollo exporten más y, por ende, aumentar los tan necesitados ingresos vía exportaciones.

Con ese incremento en las exportaciones, el Banco Mundial (BM) calcula que puede inyectarse cientos de miles de millones de dólares a la economía global y sacar de la pobreza a unos 500 millones de personas.

¿De qué forma? Basta con simplemente calcular cuánto perdían los países menos desarrollados como consecuencia de los subsidios y los aranceles de los países más ricos y hacer la cuenta.

Según cálculos del Instituto Internacional de Estudios de Políticas Alimenticias (IFPRI), los países menos desarrollados veían reducidos los ingresos por agricultura y negocios relacionados en aproximadamente unos US $24.000 millones anualmente.

América Latina y el Caribe fue la región más golpeada, donde los ingresos se recortaron en cerca de US $8.300 millones por año, mientras que Asia perdió US $ 6.600 millones y África Subsahariana cerca de US $2.000 millones.

El mismo organismo calcula que al eliminarse los subsidios agrícolas, los países en desarrollo triplicarán sus exportaciones agrícolas a cerca de US $60.000 millones anualmente.

No todo es color de rosa

Aunque el recorte en los subsidios fue recibido con bombos y platillos en los países en vías de desarrollo, no hay que olvidar que estos se comprometieron a cambio a recortar los aranceles que aplican a la importación de productos manufacturados.

Granjero del sudeste asiático
Los países en desarrollo reclamaban el fin de los subsidios agrícolas.
Algo que podría perjudicar la industria nacional de algunos países en vías de desarrollo que no cuentan con la tecnología necesaria (y los precios baratos) para competir con productos manufacturados que provengan del exterior.

Otro de los puntos en contra para las naciones en vías de desarrollo es que podrían pasar varios años antes de terminar de pulir todos los detalles del acuerdo.

Es cierto que el compromiso de Ginebra logró revivir las negociaciones de liberación del comercio internacional comenzadas en Doha, Qatar, tres años atrás, y estancadas luego en Cancún, México -justamente por la discrepancia de las naciones industrializadas con las en vías de desarrollo en materia de subsidios-, pero no es el paso final en las negociaciones.

Los pronósticos son claros. Si el compromiso de Ginebra no se pone en práctica lo antes posible, después podría llegar a ser demasiado tarde.

El 2007 es la fecha límite y coincide con el fin de la legislación estadounidense conocida como "fast-track" o vía rápida y que limita el poder del Congreso para modificar acuerdos comerciales negociados por el gobierno.

Espigas de maíz.
La agricultura, ahora sí, competirá equitativamente.
¿Por qué? La razón es bien simple. Para esas fechas, el Congreso estadounidense seguramente se verá presionado por el electorado perjudicado por el recorte en los subsidios agrícolas. ¿Y usted quién cree que ganará?

Entonces, la balanza del comercio mundial podría muy fácilmente volver a inclinarse hacia el lado de los países más desarrollados. Acuerdos bilaterales y multilaterales entre las naciones más ricas no se harían esperar, mientras que tampoco sería raro que las naciones más pobres quedasen por fuera.

¿Para qué lado se inclinará finalmente la balanza? Todo dependerá de la fuerza que impriman de ahora en más los países en vías de desarrollo.

El primer paso está dado. Ahora le toca tanto a José en el campo, como a los presidentes y mandatarios de estas naciones, jugarse el todo por el todo para que las palabras no queden en el viento y se cumpla lo prometido antes del 2007.

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