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Sábado, 13 de marzo de 2004 - 12:20 GMT
Argentina: el pago que más dolió
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Néstor Kirchner
Kirchner luchó hasta último momento y terminó pagando.
Pagar deudas siempre duele. El bolsillo se queja aún más si hay que recortar gastos cuando la necesidad apremia.

Si no lo cree, póngase a pensar qué le sucede a usted cuando le toca pagar una tarjeta de crédito, la deuda del banco o, para ser más coherentes con la realidad latinoamericana, devolverle a un amigo o colega el dinero que le prestó para llegar a fin de mes y poner un plato de comida en la mesa.

El favor, aunque venga de un amigo, no es gratis. Sin dudas, la devolución vendrá con abultados intereses y, si su bolsillo continúa en crisis, tendrá dos opciones: recortar al máximo sus gastos, apretar la boca y pagar, o ponerse firme y declarar que no va a sacar ni un solo centavo de su bolsillo para pagar la deuda.

Si elige este último camino, usted podrá cubrir las necesidades básicas de usted y su familia pero también se le habrán cerrado las puertas del crédito para siempre.

Aunque parezca un ejemplo simple y de la vida cotidiana, eso fue lo que le ocurrió a Argentina cuando decidió a último momento cumplir al pie de la letra con las obligaciones contraídas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El presidente argentino, Néstor Kirchner, hizo lo mismo que haría usted si le estuvieran cobrando una cuenta que no puede pagar y que tiene intereses acumulados por las nubes: luchar hasta último momento dejando ver que no pagará más de lo que se puede pagar, aún cuando en los últimos segundos termine cumpliendo con lo adeudado para mantener su historial de buen pagador.

Con ese razonamiento fue que Argentina desembolsó el monto más abultado del cronograma de pagos para este año ¿US$3,100 millones-, pero no sin antes obtener una señal de que el FMI aprobaría los pasos dados por el país en materia económica.

Al menos, la directora interina del FMI, Anne Krueger, se comprometió a darle su visto bueno a Argentina en las metas establecidas en el acuerdo que firmaron en septiembre del año pasado.

Con las promesas de buena fe de Krueger, Argentina pagó y se volvió a salvar de ingresar a la lista negra de las naciones "no pagadoras".

Las ironías de la vida

Lo más irónico de todo es que ese mismo dinero que Argentina devolvió hace unos días será nuevamente re-prestado por el FMI en un par de semanas. Claro está, con nuevos intereses y condiciones. Fondos que serán utilizados, tal y como lo ha pedido del FMI, para acelerar la recuperación económica del país.

Si le parece ilógico, no se preocupe, seguramente habrá muchos como usted que piensan que éste es el cuento de nunca acabar: pagar y tomar prestado, pagar y volver a tomar prestado, y así sucesivamente, por un largo tiempo.

dólar
El dinero devuelto será prestado otra vez, con nuevos intereses y condiciones.

Para algunos argentinos, con el pago el país mostró que tiene palabra y cumple, para otros, el desembolso es sinónimo de un nuevo ajuste de cinturones, después de todo, el dinero tiene que salir de algún lado.

Pero las obligaciones de Argentina no terminan con este pago. Después del desembolso volvió a salir a flote el tema de lo que Argentina le debe a los acreedores privados. Es decir, lo que se le debe a los ahorristas, bancos y fondos de inversión que tienen bonos de la deuda pública y a los que el país dejó de pagar en diciembre de 2001.

El FMI le ha pedido a Argentina que reestructure esa deuda, que suma US$88,000 millones, mientras que el país ha propuesto pagar solamente el 25% del valor nominal de los bonos, algo que generó rechazo entre los tenedores de esos papeles, quienes proponen un 65%.

El tema desatará críticas y candela en los próximos días. Seguramente Argentina volverá a luchar hasta el final con los acreedores y, del tire y afloje, se verá quién es el más fuerte.

Lo que no se puede negar es que Argentina necesita esta reducción en la deuda privada para continuar con la recuperación económica que comenzó el año pasado con un repunte del 8,5%. Ningún país puede salir adelante si las deudas por pagar son más abultadas de lo que se genera. Así no hay bolsillo que aguante.




 

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