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Domingo, 15 de febrero de 2004 - 20:48 GMT
Haití: ¿Y ahora qué?
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Haití cumplió el pasado 1º de enero su segundo centenario como república independiente, pero poco tiene hoy para celebrar. De aquel ímpetu por la libertad y la búsqueda del progreso ya no más que una sombra traducida en pobreza, corrupción, anarquía y violencia.

Mientras en varias zonas del país se registran violentos enfrentamientos, la población sobrevive como puede.
Poco queda de aquella nación que hace dos siglos dijo "¡no más!" al dominio francés y desató una guerra para evitar que se reinstaurase la esclavitud, convirtiéndose en un ejemplo de la lucha por la libertad

Desde su independencia, Haití sólo ha logrado una libertad entre comillas, porque el sueño de consolidar un país próspero no ha dejado de ser eso, un simple sueño. Dictadores y corruptos se han encargado de tomar las riendas de Haití, y se "olvidaron" de repartir los frutos de una nación que alguna vez encabezó la lista de las más prósperas de la región.

Hoy Haití es el país más pobre de América Latina. No hace falta ir visitarlo para darse cuenta. Las cifras hablan por si solas. La esperanza de vida no supera los 50 años, el 70% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza y más de la mitad de la población no sabe ni leer ni escribir. Y si no fuera por la ayuda humanitaria que recibe el país, más de la mitad de la población -unos 4 millones- no lograría sobrevivir.

De los que sobreviven, el 60% muere de SIDA - la tasa más alta en el Caribe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS)- o caen en la droga. El narcotráfico es hoy la primera industria nacional de Haití.

Como si fuera poco, no sólo la gente sufre. La deforestación, una de las más rápidas del mundo, está destrozando al medio ambiente.

Promesas incumplidas

A la crisis económica y social, se le suma ahora la política. El gobierno del presidente Jean Bertrand Aristide, conocido en los años 1990 como el "cura de los barrios bajos", está siendo amenazado. En las últimas semanas, más de 40 personas han muerto en protestas callejeras.

Carreteras bloqueadas han interrumpido el suministro de combustible y comida.
El país se encuentra en una situación de agonía, está sumido en una crisis política de consecuencias poco predecibles. A esto se suma una calamitosa situación económica y social.
Pero, ¿por qué protesta la oposición? ¿Cómo es posible que el mismo presidente que fuera tan aplaudido hace uno años sea hoy juzgado por el mismo pueblo que lo colocó en el poder? Sencillamente, por no cumplir con sus promesas preelectorales.

En 1990, Aristide se convirtió en el primer presidente plenamente democrático en 187 años de independencia, y puso fin a tres décadas de gobierno del dictador Duvalier (1957-1986). Pero en 1994, un golpe de estado dejó a Aristide fuera del juego y colocó en la presidencia a Raúl Cedras.

Luego, también en 1994 con ayuda de EE.UU, Aristide recuperó el poder. En las elecciones de 2000, consiguió la reelección con el 91% de los votos. Hasta ese momento, Aristide parecía captar la simpatía de las masas.

Sin embargo, desde entonces hasta hoy, sus promesas de desarrollo económico y prosperidad no se han cumplido. La oposición acusa a Aristide de corrupto. Y las protestas violentas no se hicieron esperar. Todo lo que está ocurriendo en Haití es una clara señal que el pueblo se cansó de esperar.

Ayuda: ¿a quién le corresponde?

Hoy Haití acapara las miradas de la comunidad mundial mientras la mayoría se pregunta a quién le corresponde solucionar la crisis.

Como en todo, las posiciones están divididas. Para algunos, Estados Unidos debe intervenir una vez más, al igual que lo hizo en 1994, para que el país tome el rumbo "normal". Para otros, el pueblo haitiano es el único que tiene el derecho a definir el camino a seguir.
Hombre carga saco de carbón que llegó a Gonaives
Ideas para solucionar esta crisis parece haber muchas, pero lo importante es que se ponga un alto al caos, se elimine la corrupción y se encamine al país por la senda del crecimiento económico, social y educativo.

Hasta existen aquellos que aseguran que la comunidad internacional debe tomar cartas en el asunto sin importar lo que opinen ni la oposición haitiana, ni el presidente Aristide.

Lo cierto es que hasta el momento, el país está sumido en la anarquía y la ingobernabilidad.

Ideas para solucionar esta crisis parece haber muchas, pero lo importante es que se ponga un alto al caos, se elimine la corrupción y se encamine al país por la senda del crecimiento económico, social y educativo.

Nombrar un primer ministro independiente sería el punta pié inicial para resolver el conflicto. Hace falta una reorganización del gobierno dirigida a cubrir las necesidades del pueblo.

Luego, revisar las finanzas públicas, descubrir hacia dónde va y en qué parte del camino se pierde el dinero. Iniciar de forma urgente un plan de desarrollo económico orientado a la creación de empleo y la educación, seguido de un llamado a la comunidad mundial para recibir la inyección inicial de ayuda económica.

Sin hambre, con educación y una vida digna, es la única forma de que Haití se convierta verdaderamente en una nación independiente. La nación con la que se soñó hace 200 años, pero que la corrupción y los malos gobiernos capturaron.





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