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Sábado, 7 de febrero de 2004 - 19:34 GMT
Los niños y la calculadora mundial
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Si los niños supieran desde antes de nacer que cuando llegan a este mundo son contabilizados y medidos en términos de dinero, seguramente lo pensarían dos veces antes de poner un pie en este planeta.
Niños trabajando en India
Muchos niños en el mundo tienen que trabajar para poder sobrevivir.
Al menos a la cigüeña le costaría mucho más trabajo convencer a los pequeños para iniciar la larga travesía desde París hasta alguna cuna ubicada en algún lugar del mundo, tal y como dice la leyenda.

Está claro que no todos los niños tienen la misma suerte, al menos, hablando en términos monetarios. No es lo mismo nacer en el mundo desarrollado que hacerlo en el lado del planeta que está en vías de desarrollo.

No se puede negar que a la hora de traer niños al mundo, prevalece el amor, los deseos de construir una familia y un sinnúmero de consideraciones intangibles, pero la decisión de llamar a la cigüeña también tiene mucho que ver con el bienestar del bolsillo.

Cada paso que da el pequeño presiona un botón más de la calculadora, aunque las sumas y restas dependen de en qué lado del mundo la cigüeña decida aterrizar.

Por ejemplo, si una pareja decide tener un bebé en Estados Unidos, lo primero que le viene en mente (dejando de lado la parte afectiva, por supuesto) es cuánto le costará criar a ese hijo hasta que este llegue a la universidad.

Un montón de anuncios publicitarios, tal vez parte del llamado "consumismo capitalista", les harán presión para que todo esté perfectamente calculado.

Criar un bebé, desde su nacimiento hasta los 17 años de edad, le costará a una familia de ingresos promedio alrededor de US$170.000, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Y allí paró la cuenta. Una vez en la universidad, el hijo es capaz de autofinanciarse y seguir su camino.

Dos caras de la moneda
Niños trabajando en India
Según cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la contribución de un niño a la renta familiar equivale a un 20% de la de un adulto. Estos pequeños producen más de US$240.000 millones anuales.
En el mundo subdesarrollado, la historia es muy distinta. La "calculadora" tiene que funcionar, pero para hacer números mucho más crueles: evaluar si el niño tienen que trabajar para que el núcleo familiar pueda sobrevivir.

Sin entrar en la polémica de si estos padres tienen más hijos para aumentar los ingresos de la familia o los traen al mundo sólo por amor, la realidad es que muchos niños -que no eligieron en qué lugar del mundo nacer-, hoy tienen que trabajar para poder comer.

Según cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la contribución de un niño a la renta familiar equivale a un 20% de la de un adulto. Estos pequeños producen más de US$240.000 millones anuales.

La OIT calcula que uno de cada seis niños en el mundo trabaja, o lo que es lo mismo, 246 millones, de los cuales, 179 millones lo hacen en las peores condiciones.

Como si fuera poco, los políticos y gobernantes en el mundo están también usando la calculadora para averiguar si los beneficios de erradicar el trabajo infantil superan a los costos o viceversa.

La OIT dice que eliminar el trabajo infantil en el mundo costaría unos US$760.000 millones hasta el 2020, mientras que los beneficios alcanzarían los US$5,1 billones.

Pero cuidado, no todos correrán con la misma suerte. En África del Norte y Oriente Medio, se obtendrían los mayores beneficios en una proporción de 8,4 a 1 frente a los costos. Mientras que en América Latina y las economías en transición, eliminar el trabajo infantil sería más costoso, la proporción sería de 5,3 y 5,2 a 1, respectivamente.

Números crueles
Niña mexicana trabajando en Estados Unidos
Si lo miramos con la lupa de los números, como quieren los gobernantes, eliminar el trabajo infantil no cuesta tanto. Representaría sólo el 20% del gasto militar en el mundo en desarrollo y apenas el 9,5% del servicio de la deuda de esas naciones. La pregunta clave en todo esto es qué están esperando para ponerlo en práctica.
Si estos números le parecen crueles, déjeme decirle que no se puede culpar a los economistas de la OIT por mostrar a los niños en materia de números; después de todo, aquellos que diseñan las políticas económicas en estos países parecen sólo entender el lenguaje de la calculadora.

Un niño que no trabaja rinde más que uno que trabaja, dice la OIT. Si el niño deja de trabajar y estudia hasta los 14 años, por cada año de escolaridad podrá generar en el futuro ingresos anuales un 11% por encima de los que generaría si continúa trabajando.

Todo esto sucederá siempre y cuando el país sea capaz de generar empleo para sus familias. Esta es la única forma para que estos menores dejen de plantearse como adultos qué es lo que les conviene más, si estudiar o comer.

Si lo miramos con la lupa de los números, como quieren los gobernantes, eliminar el trabajo infantil no cuesta tanto. Representaría sólo el 20% del gasto militar en el mundo en desarrollo y apenas el 9,5% del servicio de la deuda de esas naciones. La pregunta clave en todo esto es qué están esperando para ponerlo en práctica.

Si a los políticos y gobernantes no les alcanza el corazón para poner en práctica planes que eliminen el trabajo infantil con el fomento de la educación y la generación de alternativas de ingresos para las familias, entonces que usen la calculadora. O será que una vez más encontrarán una excusa.





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