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Sábado, 31 de enero de 2004 - 15:14 GMT
Lula y la destrucción masiva
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Mientras algunos mandatarios buscan con desespero en qué lugar del mundo se encuentran las armas de destrucción masiva que dieron inicio a la guerra en Irak, otros, como el presidente de Brasil, Inácio Lula da Silva, aseguran que no están tan escondidas como parece.
Niño desnutrido en Etiopía
El hambre en el mundo mata a once niños por minuto.
Por el contrario, Lula aseguró durante una conferencia en Ginebra que están delante de nuestras narices y se llaman hambre y pobreza, y que nada tienen que ver con el conflicto en Irak, ni con la guerra.

Lula describió al hambre como "un arma de destrucción masiva" y dijo que no es necesario buscar mucho para confirmar su existencia. Y vaya si tiene razón el mandatario.

Una caminata por las calles de Sao Paulo o Río de Janeiro, o una de las tantas otras de América Latina, África o Asia, bastaría para comprobar que la pobreza y el hambre destruyen la vida -o lo que puede hasta ser peor aún, la dignidad- de millones de personas día a día.

Según los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los que pasan hambre suman ya 842 millones, es decir, 1 de cada 7 habitantes del planeta. El hambre en el mundo mata a 24.000 personas cada día y 11 niños por minuto.

Es decir, si a usted le toma cinco minutos leer estas líneas, cuando finalice, 55 pequeños habrán muerto por no tener nada de nada para llevarse a la boca. Estas cifras aterradoras confirman que, por el contrario a lo que muchos piensan, no siempre es una bala lo que puede destruir una vida humana.

Armas por hambre
Luiz Inacio Lula de Silva, presidente de Brasil
No puede haber paz sin desarrollo económico y ni paz ni desarrollo económico sin justicia social.
Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil.

Mientras tantas personas siguen muriendo día a día, y la agenda internacional pone excesivo énfasis en temas relacionados únicamente con la seguridad, el terrorismo y otro tipo de armas de destrucción masiva, Lula es uno de los pocos mandatarios que está empeñado en hacer oír la voz de quienes no son escuchados: los pobres.

Lula trata temas "más terrenales", como el hambre y la miseria, que destruyen más vidas en el mundo que el SIDA o las guerras.

Tal vez sus orígenes humildes hacen que este mandatario siga aferrado a su lucha por la justicia social. Con esa idea propuso la creación de un nuevo y mejor mecanismo de fondos para combatir la miseria, basado en un impuesto sobre las transacciones de material bélico (armas, buques, etc.).

Si la guerra es el tema que domina hoy el mundo, ¿por qué no usarlo para al menos favorecer a los más necesitados? Probablemente esa idea rondó en la cabeza del presidente brasileño cuando muy acertadamente dijo que "no puede haber paz sin desarrollo económico y ni paz ni desarrollo económico sin justicia social".

Poco apoyo a nivel mundial
Campo de maíz
Chirac puso el grito en el cielo y dijo que no ve claramente cómo puede ser posible que este tipo de subsidios pueda estar perjudicando a los más pobres. Por supuesto, eso es difícil de aceptar si uno pertenece a uno de los países que más se benefician de los generosos subsidios de la Unión Europea.

Y aunque la idea de Lula no fue apoyada de inmediato por Jacques Chirac, de Francia, o Ricardo Lagos, de Chile, los mandatarios sí se mostraron de acuerdo con la creación de un nuevo fondo mundial para ayudar a las metas de desarrollo de las Naciones Unidas, incluyendo el objetivo de recortar a la mitad el número de personas hambrientas y con desnutrición en el 2015.

Lula no fue el único que recibió pocos aplausos por parte de los líderes internacionales. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, también recibió un "NO" como respuesta cuando dijo que para reducir el hambre en el mundo las naciones industrializadas deben abrir sus mercados a todos los productos de los países en desarrollo y eliminar los subsidios agrícolas que impiden competir a compañías rivales de países en desarrollo.

Chirac puso el grito en el cielo y dijo que no ve claramente cómo puede ser posible que este tipo de subsidios pueda estar perjudicando a los más pobres. Por supuesto, eso es difícil de aceptar si uno pertenece a uno de los países que más se benefician de los generosos subsidios de la Unión Europea.

Los mandatarios volverán a reunirse en septiembre próximo, para discutir el plan más adecuado para reducir el hambre en el mundo. Mientras tanto, 842 millones de personas seguirán pasando hambre a la espera de una respuesta.

Tal vez, a unas cuantas personas del mundo, les haga falta pasar hambre y vivir en la pobreza, aunque sea por un segundo, para que aparezcan las soluciones a este problema. Aunque seguramente, si le preguntamos a las millones de personas que hoy pasan hambre en el mundo, el hambre es un castigo que no le desearían ni a su peor enemigo.





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