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Sábado, 10 de enero de 2004 - 16:55 GMT
Bush y la frontera
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

El papel del inmigrante tiene cada día más peso.

Dos mexicanos escuchan en Puebla el discurso de Bush sobre su reforma migratoria
Dos mexicanos en Puebla observan el discurso de Bush sobre la reforma migratoria

Nunca antes, aquellos que decidieron abandonar su país en busca del sueño americano imaginaron cuánto y cómo podrían contribuir a levantar economías en crisis, mucho menos que serían una pieza clave en la economía del país más poderoso del mundo y el "comodín" de campañas electorales en el país al que debieron llegar "atravesando" la frontera.

Basta con darle una mirada al volumen y destino de la remesas, para darse cuenta que el inmigrante latinoamericano que vive en Estados Unidos, juega un papel primordial en la economía de su país, al cubrir las necesidades básicas de millones de familias en la región y al ayudar a aliviar las penurias que acarrean las crisis económicas.

En México, las remesas son la segunda fuente de ingresos en dólares del país, después de las exportaciones de petróleo y por delante del turismo extranjero y de la inversión privada directa.

En tanto, la economía nacional de Nicaragua descansa en los hombros de miles de inmigrantes que trabajan en Estados Unidos, donde las remesas representan el 30% del PIB. De igual forma ocurre en Haití (24,2% del PIB), Guayana (16,6%), El Salvador (13,5%), Jamaica (12,2%) y Honduras (11,5%).

Pero el efecto del inmigrante no es de una sola vía. El papel que juega en la economía de Estados Unidos no es menor. Y no sólo los empresarios y negociantes se han dado cuenta de ello. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, también. Y vaya si lo ha notado...

Todo es cuestión de números

El presidente Bush propuso una reforma migratoria que de una forma u otra, podría cambiar el destino de la comunidad latina en Estados Unidos, la que ya supera los 38 millones -el 14% del total de la población- y es la primera minoría de ese país. Pero más que nada, el del propio Bush y la economía de Estados Unidos.

George W. Bush y su esposa Laura
Bush quiere saber quiénes y cuántos son los indocumentados.
Lo que podría constituir la mayor reforma migratoria en casi dos décadas, siempre y cuando el Congreso la apruebe, tiene el objetivo de facilitar la contratación de trabajadores extranjeros y la legalización de entre 8 a 14 millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos, cerca de la mitad mexicanos.

Cuando faltan sólo 10 meses para las elecciones presidenciales, Bush ha vendido la idea de la reforma migratoria en términos de seguridad nacional, al afirmar que es importante saber quiénes y cuántos son los indocumentados en el país.

Pero detrás de esta medida podría estar la idea de conquistar el voto latino para las elecciones presidenciales del 2004. Después de todo, los latinos son cada día más y podrían llegar fácilmente a volcar la balanza hacia un lado en una reñida contienda electoral.

Bush, quien ganó alrededor del 35% del voto hispano en las elecciones de 2000, estaría buscando elevar esa proporción al 40% o más este año.

Meta que podría sonar imposible, pero que no lo es si se toma en cuenta que el número de latinos nacionalizados estadounidenses aumenta día a día.

Basta con ver el número de solicitudes que cada mes ingresan al servicio de inmigración y naturalización de ese país.

Desde 2000, la inmigración neta en Estados Unidos creció a alrededor de 1,4 millones de personas por año, de las cuales cerca de medio millón ingresaron o permanecieron ilegalmente en el país.

Motor económico

Pero no sólo el voto contaría a la hora de proponer la reforma. Bush reconoció que los trabajadores inmigrantes son parte importante de la espina dorsal de la economía estadounidense.

Frontera entre Tijuana y San Diego
Menor inmigración ilegal implicaría ahorro en el patrullaje.
Por eso, su idea fue aplaudida por la Cámara de Comercio de EE.UU. y del sector empresarial, particularmente de aquellas compañías que dependen de la mano de obra extranjera para las labores de construcción, agricultura y hostelería.

La reforma propone una nueva visa temporal, con vigencia de tres años y renovable, a cuyo vencimiento el trabajador deberá salir del país.

El programa temporal no conduce necesariamente a una residencia legal ni a la ciudadanía, aunque Bush propone un incremento en el cupo anual de visas permanentes, conocidas como "green card" o tarjeta verde.

Los indocumentados en Estados Unidos deberán pagar un arancel especial (aún no fijado) para postular a la nueva visa temporal. Los postulantes en el exterior quedan exentos del requisito.

Sólo multiplique 14 millones por $40, una cifra ficticia pero que es lo mínimo que cuesta cualquier trámite de inmigración en Estados Unidos, para que vea el volumen de dinero que se embolsará el gobierno.

A eso debería sumarse el pago de impuestos que generará el trabajo, ahora legal, de los antes indocumentados. Y siga sumando...

De paso, esta reforma ayudaría a controlar la inmigración ilegal, lo que podría generar en un ahorro anual estimado en gasto de patrullaje en la frontera con México, de unos US$3 mil millones, según cifras del instituto privado Cato.

Una estrategia nada despreciable: se suman votos, se ahorra en seguridad y los inmigrantes continúan poniendo el hombro para hacer aquellos trabajos que muchos estadounidenses no quieren hacer, pero que mantiene la economía estable y contribuye para que EE.UU. continué siendo una de las naciones más poderosas del mundo.





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