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Sábado, 6 de diciembre de 2003 - 21:57 GMT
Disputa con sabor metálico
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

El acero sin dudas es un metal valioso. Al grado de ser capaz de elevar la temperatura mundial hasta el borde de una guerra comercial, para luego colocar en jaque mate a uno de los gigantes del comercio mundial: Estados Unidos.

George W. Bush, presidente de EE.UU.
Bush eliminó los aranceles al acero tras presiones de Europa y Asia.

El presidente estadounidense, George Bush no tuvo más remedio que poner fin a la llamada guerra del acero, al anunciar la eliminación de los aranceles a la importación del metal, después que su país estuvo a los pies de una lucha comercial entre la Unión Europea y varios países asiáticos.

A partir de ahora, Estados Unidos competirá en materia de acero, en iguales condiciones que sus pares en Asia y Europa. Al menos, esa es la idea en un principio...

Esta victoria sirvió para devolverle un poco la credibilidad perdida a la Organización Mundial del Comercio (OMC) después de los incidentes en Cancún, aunque los temas de los subsidios agrícolas que mantienen los países desarrollados sobre sus productos continúa siendo un tema escabroso y sin definición clara.

Y sirvió también para demostrar que, tal como dice el refrán, la unión hace la fuerza. La única forma de hacerle frente a un "gigante", en este caso EE.UU., es luchando todos hacia un mismo lado, estrategia que muchos en América Latina todavía no tienen muy claro. Cuando hay oportunidad de hacer tratados bilaterales y dejar por fuera al vecino, esa es la opción preferida... Y claro, de esa forma, las conversaciones siempre quedan en el aire...

Para ser más claros, la decisión de Bush no se debe simplemente a un acto de "generosidad", sino que tiene lugar menos de un mes después de que el máximo tribunal de la OMC dispusiera que los aranceles violaban las reglas internacionales del comercio y que las medidas apropiadas serían tomadas en breve. Así lo reclamaron China, Japón, la Unión Europea y hasta Brasil.

Acero
El acero barato del extranjero podrá ser vendido sin aranceles en EE.UU.

Pero no sólo eso puso en jaque al gobierno de Bush, la eliminación de los aranceles a la importación del acero también ocurrió justo antes que la Unión Europea (junto a otras amenazas provenientes de países asiáticos) concretara su amenaza de imponer sanciones comerciales sobre exportaciones estadounidenses por valor de US$2.200 millones, lo que afectaría a productos como los cítricos del estado de la Florida y los textiles de Carolina del Norte y del Sur. Sectores que tiene mucho peso en Estados Unidos a la hora de ir a las urnas.

El por qué de los aranceles

Bush había impuesto aranceles de hasta un 30% a la importación de acero en marzo de 2002, con la intención inicial de mantenerlos hasta el año 2005. La idea era proteger la industria estadounidense de la competencia internacional, mientras éstas se preparaba tecnológicamente hasta el 2005 para luego sí, estar en condiciones de poder competir de igual a igual con la industria mundial.

EE.UU. estaba utilizando una cláusula de salvaguarda de la OMC por la cual los países pueden imponer restricciones a las importaciones para proteger temporalmente un sector de la industria que está siendo afectada por un exceso de oferta internacional. Pero países como China, Japón y Brasil, se encargaron de demostrar que la estrategia iba más allá de lo que la OMC permite.

Por eso, antes de escuchar la "campana" de la OMC y de que las amenazas comerciales de Europa y Asia se hicieran realidad, Bush optó por eliminar los aranceles. Pero no sin antes asegurar que, para contrarrestar el perjuicio que puede sufrir el sector siderúrgico estadounidense, mantendrá un estricto programa de seguimiento y licencia de las importaciones para evitar que el acero extranjero inunde Estados Unidos.

Las exportaciones a EE.UU. representan cerca de un 5% de la producción siderúrgica de la Unión Europea (unos US$2.4000 millones anuales) y los aranceles de Washington ocasionaron un descenso de 15% en los ingresos europeos anuales desde la implementación de la medida.

La Unión Europea también estaba preocupada porque el acero asiático pudiera entrar en el mercado europeo y perjudicar aún más a su industria. Mientras que los asiáticos estaban preocupados por no poder colocar su acero ni en EE.UU. ni en Europa.

La guerra interna

Acería
Estados Unidos introdujo los aranceles a la importación del acero en marzo de 2002 para proteger a la industria siderúrgica estadounidense. Los aranceles de Washington ocasionaron un descenso de 15% en los ingresos europeos anuales desde la implementación de la medida.

Ahora Japón, China, la Comunidad Europea y hasta Brasil, están contentos con la victoria. Pero el que deberá afrontar tiempos "difíciles" será Bush.

A nivel interno, la decisión del mandatario no fue bien vista por el sector siderúrgico, pese a que la Casa Blanca aseguró que hará cumplir las leyes "antidumping", contra la competencia desleal con precios por debajo del costo de producción de los productos importados. Y que presionará a los socios comerciales de EE.UU. para que recorten sus subsidios a los productos siderúrgicos.

Bush enfrenta hoy el mismo dilema que preocupa a los países en vías de desarrollo y los subsidios agrícolas. Pero, con las ventajas que tiene el ser un "gigante" y jugar con las cartas de un país desarrollado.

Pese a las nuevas medidas de protección, Bush encontrará la oposición en los estados de Ohio, Pennsylvania y West Virginia, bastiones de las siderúrgicas estadounidenses, que de ahora en más no contarán con su "directa" protección.

Pero la pregunta clave en todo esto es ¿por qué Bush deja "desamparado" a un sector tan importante tanto económicamente como desde el punto de vista político?

Para muchos analistas políticos, la decisión de Bush va más allá de las presiones de la comunidad internacional, y se debe a las presiones del sector manufacturero interno, a pasos de los comicios del próximo año, donde el presidente buscará la reelección. Esta vez, el mandatario parece haber optado por los votos de los manufactureros...

Muchas compañías que dependen del acero para fabricar sus productos se oponían a los aranceles porque la medida podría significar la pérdida de puestos de trabajo en el sector.

En tal sentido, expresaban que por ejemplo muchas piezas y partes de automotores que se fabrican en EE.UU., comenzarían a hacerse fuera del país. Es decir, causar desempleo y pérdidas en el sector.

La lección para América Latina

Sea por las presiones internas o por las internacionales, o las dos al mismo tiempo, los aranceles a las importaciones de acero en Estados Unidos ya son cosa del pasado. Y nadie puede decir que las amenazas de los europeos y los asiáticos fueron "poca cosa" para Bush a la hora de tomar la decisión.

Para Latinoamérica, envuelta en el tema de los subsidios agrícolas, ésta debe ser tomada como una lección de la cuál tiene mucho por aprender.

Si hasta Superman, el hombre de acero, tiene su lado débil, la criptonita. América Latina debería mantener una postura firme ante la OMC y buscar el lado débil de aquellos que la están perjudicando a la hora de vender sus productos.

Rollo de lámina de acero en Cleveland, Estados Unidos
Los aranceles también enfrentaban oposición en Estados Unidos.

América Latina tiene las herramientas de su lado: sin reducciones efectivas en los subsidios de los productos agrícolas de los países ricos, no debería haber reducción arancelaria en sus productos. Pero todavía no ha sabido delinear y alcanzar sus objetivos. Las reuniones de Cancún y Miami, fueron un claro ejemplo de eso.

Si Europa y los países asiáticos lograron "vencer" a un grande, ¿por qué América Latina no podría hacer lo mismo?

Ojalá que América Latina saque ventaja de ésta lección para que los subsidios agrícolas pasen de una vez por todas a la historia, tal como lo es hoy el arancel del acero.


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