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Domingo, 5 de octubre de 2003 - 01:32 GMT
Infancia sin juego
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Ser niño en Latinoamérica no es cosa fácil. La realidad es dura. Más de 17 millones de pequeños comienzan el día sin nada en el estómago y salen a las calles a ganarse el pan. En lugar de jugar y estudiar, deben trabajar. Para ellos, la pobreza es algo de lo que les es difícil escapar.

Niño llorando.
Los niños latinoamericanos juegan a ser adultos.

La paradoja es grande. Para aquellos niños que tuvieron la suerte de nacer en la mitad del mundo que hoy llamamos "desarrollada", la vida transcurre entre la escuela y el juego. Al menos, es la realidad de una gran mayoría. Aunque así es como debería ser para todos.

Sin embargo, para muchos niños en Latinoamérica, la realidad es otra. Aprenden a sobrevivir en las calles, a ganarse la vida desde pequeños y a vivir con la responsabilidad de un adulto. Hay que traer el pan a casa, sino hoy no habrá nada para comer. Pare ellos, la vida no es un juego. En lugar de estudiar y jugar, deben trabajar. No hay otra alternativa. Al menos, ni sus padres, ni sus gobernantes, ni usted, ni yo, se la proveemos. En el final, somos todos culpables.

Para Pedro, María o José, que limpian coches, recolectan basura, trabajan en una fábrica, o venden flores en las calles, la ilusión de ser niño es simplemente eso, una ilusión.

¿Por qué trabajan los niños?

Las principales causas del trabajo infantil en la región están vinculadas al aumento de la pobreza y el desempleo en los últimos años, producto de las crisis económicas y las malas administraciones.

Piense sólo por un momento, cómo le afectaría a usted que de la noche a la mañana se quedara sin trabajo. ¿Estaría usted dispuesto a que su hijos saliera a las calles a trabajar para asegurar el pan para su familia? Seguramente la idea lo aterraría y no estaría dispuesto, pero ahora piense cuál sería la situación si usted no tuviera nada de nada. La historia podría ser otra...

Niños recolectando plásticos para sobrevivir.
En busca del pan...

Ese es el dilema que enfrentan millones de padres en Latinoamérica. Más de 220 millones de personas son pobres y unos 95 millones no pueden cubrir sus necesidades básicas para vivir, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La pobreza y la desigualdad social que afecta a la sociedad latinoamericana también recaen sobre los pequeños. El 50% de los niños de la región vive en la pobreza, mientras que el 35% no terminará la educación primaria.

Para que tenga una idea, según datos de la consultora privada Equis en Argentina, la crisis que vive el país ha forzado la incorporación al mercado laboral del 22,23% del total de 6,7 millones de niños entre cinco y 14 años que viven en el país. Es decir, casi un millón y medio de niños salen a las calles cada mañana a limpiar cristales, hacer malabares, juntar plásticos o cartones, entre otros trabajos.

Aquí va el cálculo que seguro lo sorprenderá. Tras la devaluación del peso argentino en enero del 2002 se empobrecieron 2,7 millones de niños, un promedio de 150,000 niños pobres más por mes, es decir, unos 5,000 nuevos niños pobres por día, o lo que es lo mismo, unos 208 por hora. Es decir, mientras usted termina de leer esta nota, unos 17 pequeños más se habrán sumado a la cuenta.

Dibujo hecho por un niño
Para muchos niños en Latinoamérica, la realidad es otra. Aprenden a sobrevivir en las calles, a ganarse la vida desde pequeños y a vivir con la responsabilidad de un adulto; hay que traer el pan a casa, sino hoy no habrá nada para comer

En México, la situación no es muy distinta, el trabajo se ha convertido en el denominador común para 3,5 millones de niños, en edades que oscilan entre 12 y 17 años, y que trabajan en las calles de las principales ciudades del país.

El 18% de los niños sufre de desnutrición, el 15% no tiene acceso a agua potable y el mismo porcentaje no terminará la educación básica, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

En el Salvador, la realidad es difícil de esconder. Más de 223 mil niños trabajan para colaborar con el ingreso familiar, declaró públicamente el ministro del Trabajo, Jorge Nieto. Uno de los pocos gobernantes que se atreve a reconocerlo.

La cuenta no termina ahí. Los números más alarmantes se encuentran en Bolivia (25,9%), en República Dominicana (33,8%), en Ecuador (39,1%), en Perú (16,5%), en Brasil (8,9%), según datos recolectados por la UNICEF y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En total, en Latinoamérica trabajan unos 17,5 millones de niños, en edades que oscilan entre los cinco y los 15 años. Imagínese, cinco años de edad...

Un número incierto

Si la cifra lo sorprende, lo hará mucho más si toma en cuenta que sólo es una aproximación de la realidad. Cuando los economistas, estadistas y sociólogos intentan medir a ciencia cierta la cantidad de niños que trabajan en Latinoamérica, se encuentran con una importante barrera, la mayoría tiene empleos ilegales o en el sector informal, lo que hace casi imposible obtener cifras exactas. Es decir, la cifra es seguramente mayor a lo que podemos ver o cuantificar.

A lo anterior se suma que para muchos políticos y gobernantes, la realidad es difícil de reconocer. Prefieren tapar el sol con un dedo y decir que en sus países no pasa nada. Prefieren evitar la "vergüenza" nacional que hacer algo por mejorar la calidad de vida de sus niños.

La falta de trabajo de los adultos forzó la inserción laboral de los niños, que en muchos casos deben mantener a toda una familia. Los niños trabajan porque contribuyen económicamente al núcleo familiar al que pertenece, o lo que es peor aún, si tomamos en cuenta los millones de niños que viven solos en las calles, para asegurarse su propia supervivencia. Sin trabajo no hay pan, y sin pan no hay vida.

Los niños y sus derechos

Niño trabajador en El Salvador.
El mañana de muchos menores en Latinoamérica es incierto.

Esta situación no sólo pone en riesgo la salud de estos niños, sino también les quita el derecho a estudiar, el derecho al esparcimiento y lo que es peor aún, pone en tela de juicio su propio futuro. Aunque suene a "cliché", ellos son el futuro de nuestros países.

Asegurar los derechos y el bienestar en la infancia es la clave para el desarrollo sostenible de un país. Un niño que hoy no juega, un niño que hoy no estudia, es un hombre del mañana sin futuro. Una forma de perpetuar la pobreza de un país para siempre.

Sin niños no hay futuro, y eso es lo que los gobiernos latinoamericanos deberían de tener siempre presente a la hora diseñar las políticas económicas. Sin educación y sin juego, Latinoamérica continuará siendo pobre. Eso, téngalo por seguro.


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