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Lunes, 15 de septiembre de 2003 - 04:04 GMT
A. Latina: no más subsidios
Mariana Martínez.
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

América Latina se juega una importante carta en la reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún, México, donde, junto a otros países en vías de desarrollo, exigirá a las naciones más desarrolladas poner punto final a los subsidios agrícolas que han distorsionado el comercio mundial y generado un obstáculo más para el crecimiento económico de los países más pobres.

Productos a la venta en un mercado uruguayo.
Los productos agrícolas tienen que competir con los de Europa y Japón.

Desde el comienzo de la década de los años 1990, los países desarrollados han empujado a los países más pobres para que eliminen sus barreras arancelarias y abran sus puertas al comercio mundial, al tiempo que ellos mantienen las suyas contra los productos agrícolas, sin importarles que, de esa forma, privan a los países en desarrollo de los tan necesitados ingresos vía exportaciones.

América Latina ha criticado el "doble discurso" o "doble moral" de las economías desarrolladas de liberalización en países pobres e incremento de los subsidios en países desarrollados, y sus críticas son justificadas. Mientras los países pobres dejan entrar los productos manufacturados provenientes de las economías más fuertes, los desarrollados continúan protegiendo a sus productores agrícolas, colocándole un freno a los productos extranjeros.

A la hora de exportar sus productos agrícolas y alimentos en los mercados internacionales -donde compiten con productos de Europa y Japón-, o productos textiles y prendas de vestir -que compiten con Canadá y Estados Unidos-, América Latina se enfrenta con el dilema de pagar más para entrar a los mercados extranjeros y/o recibir precios más bajos por sus productos y ser desplazados de los mercados como resultado del "dumping" (venta por debajo del precio de producción) de los países más ricos.

A modo de ejemplo, los países industrializados cobran en promedio alrededor del 1% sobre las manufacturas importadas entre ellos mismos, pero la tasa arancelaria (impuesto que grava una determinada proporción del precio de un bien importado a un país) salta al 2% cuando los productos provienen de América Latina.

Ayudas que matan

Como si fuera poco, los productores agrícolas en los países desarrollados reciben "subsidios" a las exportaciones por parte de los gobiernos. Es decir, el gobierno pone a disposición de los exportadores agrícolas millones de dólares para enfrentar eventualidades como malas cosechas, imprevistos, o para acceder a la tecnología necesaria para producir más y mejor -entre otras cosas-. Es por eso que no es extraño ver a un campesino en una remota zona rural en Estados Unidos, planificando su cosecha en un computador portátil en medio del campo o aplicando modernas técnicas de fumigación, que sin dudas le permitirá producir más y mejor.

América Latina acusa a Estados Unidos y la Unión Europea de jugar con los subsidios permitidos y no permitidos por la OMC, y disfrazar para que lo no autorizado aparezca como ayudas autorizadas y no sujetas a recortes. Estas subvenciones distorsionan los precios en el mercado mundial al permitir que los agricultores del mundo rico inunden los mercados del hemisferio Sur con sus productos alimenticios exportados por debajo del precio de costo.

Riot police in Cancun
Se calcula que Estados Unidos y la Unión Europea gastan casi US$1.000 millones diarios en subsidios agrícolas, lo que representa casi seis veces más el total de fondos que destinan a la ayuda internacional. Sólo como un simple ejemplo, desde 1982 hasta la fecha, el presupuesto de México para apoyo al sector agrícola ha bajado del 12% al 3,5%, mientras que en Estados Unidos ha saltado un 300%.

Se calcula que Estados Unidos y la Unión Europea gastan casi US$1.000 millones diarios en subsidios agrícolas, lo que representa casi seis veces más el total de fondos que destinan a la ayuda internacional. Sólo como un simple ejemplo, desde 1982 hasta la fecha, el presupuesto de México para apoyo al sector agrícola ha bajado del 12% al 3,5%, mientras que en Estados Unidos ha saltado un 300%.

Ante este contexto de subsidios, aranceles, cuotas y otros mecanismos de protección al comercio que los países desarrollados imponen sobre los productos extranjeros, América Latina y otros países en vías de desarrollo, no pueden competir con los productos de agricultores desarrollados. Para América Latina, las subvenciones de los países ricos a la agricultura se traducen en la destrucción de los medios de subsistencia de millones de pequeños agricultores, y con ella, la posibilidad de exportar para crecer.

Las menores exportaciones reducen los ingresos de los agricultores y sus negocios relacionados con los países en desarrollo. América Latina y el Caribe es la región que recibe el mayor impacto, dónde los ingresos se reducen cerca de US$8.300 millones al año (un 35% del total que pierden los países en vías de desarrollo en su conjunto).

Eliminar los subsidios agrícolas permitiría a América Latina triplicar sus exportaciones agrícolas anuales. Las políticas agrarias en la Unión Europea afectan en más de US$20.000 millones las exportaciones de los países en vías de desarrollo en su conjunto, mientras que las de Estados Unidos y Japón son responsables de cerca de US$11.000 millones y US$5.300 millones respectivamente.

América Latina debe insistir

Naciones como México, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Costa Rica, junto a otros estados emergentes (India, China y Filipinas, entre otros), exigen recortes en los subsidios a las exportaciones agrícolas y significativas reducciones a los apoyos que las naciones ricas dan a sus productores, pese a que la Unión Europea y Estados Unidos han demostrado a medidos de agosto sus intenciones de colaborar con la eliminación de las distorsiones en el comercio mundial.

Sin embargo, el principal problema que acalorará las discusiones en Cancún es que el planteamiento de Estados Unidos y la Unión Europea no proporciona una propuesta concreta en cuanto a montos y tiempos para eliminar el apoyo doméstico, los subsidios a las exportaciones y acceso al mercado.

Conference centre at Cancun
Cancun's conference centre: home for five days

El mundo está lleno de buenas intenciones, pero América Latina no tiene tiempo para perder, mucho menos en un momento en que la mayoría de sus economías atraviesa por crisis económicas severas; basta con darle una mirada a la economía de Argentina, la de Bolivia o el Perú. Sin plazos y montos específicos, Estados Unidos y la Unión Europea continuarán inundando los mercados con productos agrícolas exportados a precios de "dumping".

El Banco Mundial sugirió que los países ricos deberían reducir sus aranceles en un 10% en agricultura y 5% en manufacturas (de los actuales niveles), mientras que los pobres deberían retribuir con una recorte de 15% y 10% en agricultura y manufacturas.

Sin embargo, América Latina deberá exigir una drástica reducción de las ayudas internas y otro tipo de subvenciones a la agricultura como única condición para aceptar la rebaja de sus propios aranceles (lo que pide Estados Unidos y la Unión Europea), debido a que ese es el único instrumento que cuenta para protegerse del "dumping" de los países desarrollados.

Exportar para crecer

Lo que América Latina reclama es justo. Sólo se trata de exportar más para crecer y poder abrir a su vez más sus mercados a los productos industrializados sin desequilibrar sus economías.

Según el Banco Mundial, si en la reunión de la OMC se llegara a un acuerdo de reducción de subsidios y aranceles, el resultado se podría traducir en la generación de ingresos mundiales por entre US$290.000 millones y US$520.000 millones, unos 27 millones de nuevas fuentes de trabajo y sacar de la pobreza a más de 144 millones de personas para el 2015.

Lo que América Latina reclama es justo. Sólo se trata de exportar más para crecer y poder abrir a su vez más sus mercados a los productos industrializados sin desequilibrar sus economías.

El planteamiento de América Latina y otras naciones en vías de desarrollo, parece difícil de alcanzar. Hasta el momento, no se ha avanzado en ninguno de los temas de interés para los países pobres acordados en la reunión ministerial de Doha de 2000, mientras que los países ricos utilizan a la OMC para forzar a los pobres a abrir sus mercados rápidamente sin que estos puedan reconocer el derecho de proteger sus sectores vulnerables ante la competencia desleal.

Para recuperar credibilidad, la OMC debería obligar a los países ricos a poner punto final a los subsidios, pero de antemano se sabe que poco se puede esperar de países que consideran que la destrucción de los medios de subsistencia de millones de pequeños agricultores en el mundo es considera sólo un ¿daño colateral¿ mínimo del proceso.

América Latina deberá mantener una postura firme en la reunión de Cancún: sin reducciones efectivas en los subsidios de los países ricos, que incluyan plazos y montos concretos, no debería haber reducción arancelaria de su parte. A América Latina no le quedará otra que presionar con el único instrumento que tiene para defenderse del "dumping" de los países ricos, si es que quiere que la reducción de sus exportaciones y la penurias que sufren sus agricultores, deje de ser un simple "daño colateral".


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