Otra vez, los países más ricos le ganaron la pulseada a los más pobres. Así concluyó la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún, México; sin acuerdos, sin resultados, sin cambios a nivel del comercio mundial, pero de qué lamentarse mucho.
Al caer el telón, se esfumó la posibilidad de los países en desarrollo de imponer sus reclamos ante las naciones desarrolladas y con ella, la posibilidad de crecer.
Una vez más, los agricultores de los países pobres regresaron con las manos vacías.
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Tras cinco días de acaloradas negociaciones que subieron la temperatura entre los delegados de las 146 naciones participantes, nada cambió, todo quedó igual.
A partir de mañana, y al igual que hace décadas, los países desarrollados continuarán empujado a los países más pobres para que eliminen sus barreras arancelarias y abran sus puertas al comercio mundial, al tiempo que ellos mantendrán las suyas contra los productos agrícolas y, de esa forma, seguirán privando a los más pobres de la única posibilidad que tienen para apuntalar sus vapuleadas economías: las exportaciones.
¿Nada para nadie?
Muchos dicen que las negociaciones terminaron sin nada para nadie. Pero déjeme decirle, que en mi modesta opinión, eso no es más que querer tapar el sol con una sombrilla, para esconder una realidad que muchos no quieren ver.
Que se sepa, las naciones desarrolladas no han sido obligadas a eliminar sus barreras arancelarias o los subsidios. Nadie les ha quitado nada. Y eso ya es ganar mucho. Si no lo cree, pregúntele a cualquier productor agrícola en la Unión Europea, Estados Unidos o cualquier otro país desarrollado, que desde ya puede estar seguro que este año volverá a recibir otra suculenta tajada de subsidios a las exportaciones.
De esa forma, aunque sufra sequías, malas cosechas o cualquier otra eventualidad, este productor podrá asegurarse de antemano que sus productos serán competitivos a nivel mundial. No tiene de qué preocuparse.
Los productores agrícolas de los países pobres también están seguro de algo: a la hora de exportar sus productos agrícolas y alimentos en los mercados internacionales -donde compiten con productos de Europa y Japón-, o productos textiles y prendas de vestir -que compiten con Canadá y Estados Unidos-, continuarán enfrentándose al dilema de pagar más para ingresar a los mercados extranjeros y/o recibir precios más bajos por sus productos.
Y al hecho de ser desplazados de los mercados como resultado del "dumping" (venta por debajo del precio de producción) de los países más ricos. Esa realidad, sin importar tanta discusión y propuestas, sigue siendo la misma.
Paso firme
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Al menos, ésta vez, las naciones pobres se hicieron oír y no bajaron la cabeza como en oportunidades anteriores. Algo es algo, dicen muchos, pero todavía no cambia la realidad de millones de agricultores que día a día se enfrentan a la destrucción de sus medios de subsistencia.
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De la reunión se desprende que una vez más, los pobres deberán conformarse con al menos, no perder tanto. Las naciones menos desarrolladas no aceptaron rebajar sus propios aranceles (como pedía Estados Unidos y la Unión Europea), el único instrumento con el que cuentan para protegerse del "dumping" de los países desarrollados.
Estas exigieron una drástica reducción de las ayudas internas y otro tipo de subvenciones a la agricultura como única condición para aceptar la rebaja de sus propios aranceles y así se mantuvieron. Al menos, de esta forma, no perdieron tanto.
No hubo marcha atrás en las propuestas. Al menos, ésta vez, las naciones pobres se hicieron oír y no bajaron la cabeza como en oportunidades anteriores. Algo es algo, dicen muchos, pero todavía no cambia la realidad de millones de agricultores que día a día se enfrentan a la destrucción de sus medios de subsistencia.
Países como México, Colombia, Brasil, Argentina, Costa Rica, India y otras naciones miembros del G-21, han dejado en claro que están dispuestos a gritar a los cuatro vientos que, gracias los subsidios, aranceles, cuotas y otros mecanismos de protección al comercio que los países desarrollados imponen sobre los productos extranjeros, no pueden competir con los productos de agricultores desarrollados.
Estos países le mostraron al mundo que eliminar los subsidios agrícolas permitiría a los más pobres triplicar sus exportaciones agrícolas anuales.
Aseguraron que las políticas agrarias en la Unión Europea afectan en más de US$20.000 millones las exportaciones de los países en vías de desarrollo en su conjunto, mientras que las de Estados Unidos y Japón son responsables de cerca de US$11.000 millones y US$5.300 millones respectivamente.
América Latina y el Caribe es la región que recibe el mayor impacto, dónde los ingresos se reducen cerca de US$8.300 millones al año.
Con las manos vacías
El camino a la próxima cumbre será largo y difícil.
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La firmeza de los menos desarrollados en sus propuestas obligó a los desarrollados a tirar sobre la mesa los llamados "temas de Singapur" que incluyen inversiones, facilitación del comercio, política de competencia y transparencia en las compras gubernamentales.
Los países pobres se negaron a admitir la inclusión de estos temas, mientras las naciones industrializadas aprovecharon para tampoco ceder en materia agrícola. El resultado fue el cierre de la reunión sin ningún cambio.
Las charlas continuarán, en otras reuniones, en otros tiempos. Pero lo que sí está claro es que los países más pobres regresarán a casa con las manos vacías.
Los agricultores de los países en vías de desarrollo seguirán sufriendo penurias, viendo día a día como son privados de sus medios de subsistencia, mientras unos "señores" que no conocen siguen decidiendo por su futuro.
En esta reunión de Cancún perdieron los países en vías de desarrollo, pero también la OMC que intentaba recuperar credibilidad; mientras que ganaron los más ricos, sin dejar atrás a los organizadores del evento (dueños de hoteles, servicios turísticos, etc.) y todos aquellos que pudieron disfrutar del sol de Cancún.
Para los pobres... nada de nada.
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